Apuntes sueltos

por Abdurrahman Pérez


 

La universalidad de la revelación

Allâh le habla a cada persona. Es decir, el ser humano puede definirse por la capacidad de abrirse y abismarse en el pozo infinito que encuentra en su corazón. Lo haga o no lo haga, la capacidad existe. El hecho de hacerlo o no hacerlo, y el modo en que se vaya viviendo esa eventual apertura y abismamiento, todo ello depende de la naturaleza que conforma y moldea nuestra individualidad. Nuestra dimensión universal nos da alas para un viaje infinito, mientras que nuestra dimensión particular nos fija una ruta determinada. ¿Cuál es nuestra ruta? ¿Hasta dónde y por dónde iremos? Eso depende de Allâh, que nos da cada instante de existencia. La arrogancia con la que nos plantamos en el mundo queda aniquilada en la prosternación en que termina cayendo todo lo que creemos que hemos erigido y construido, hasta que Allâh nos deja sentados en nuestro sitio: ni la arrogancia de quien cree conectar cielo y tierra en una línea vertical, ni la humillación de la nada prosternada, sino aquella postura intermedia que nos recuerda lo relativo de toda existencia. Nuestro camino parte de una aurora en que nos afirmamos a nosotros mismos, pasa por un replegarnos y contenernos ante la plenitud del mundo, sigue por una madurez decadente en que todo parece declinar y perderse, nos lleva a un ocaso de lo evidente pero haciendo brotar en nosotros lo imperecedero que siempre nos conforma, y termina por reintegrarnos en aquello de lo que salimos continuamente a la existencia. En ese camino se nos revela y desvela algo de lo que creíamos velado, pasamos a la cámara del trono y encontramos el tesoro.

Lo público es el mundo de las formas, y el sentido tiene su hogar en la intimidad. Asomarse al abismo del sentido es el camino que nos hace completamente humanos por el solo hecho de asomarnos. Cada uno llegará hasta donde tenga que llegar, no es algo que una persona pueda decir de antemano. Como tampoco puede decir nadie por dónde se habrá de asomar otro. Sólo sabemos que tenemos esa posibilidad infinita, y eso es lo que nos hace humanos, ésa es la universalidad de la revelación.

El sentido y la forma

El sentido es otro nombre de la intención; la intención está en el ámbito de lo privado, y lo privado exige discreción. No hablemos, pues, del sentido de forma indiscreta, sino que hagámoslo en la intimidad. Lo público es el mundo de las formas que vertebran un marco de convivencia en que tejemos nuestras vidas formando un mundo lleno de sentido.

 

Los pilares de reintegración en el Tawhid

Una civilización humana se distingue de otras en sus diversos aspectos constitutivos, los cuales forman un todo solidario de coherencia interna en cada uno de ellos. Uno de esos aspectos constitutivos es el carácter que moldea y en que se forman las personas y colectividades que viven esa civilización. El carácter predominante y básico de la civilización islámica es el marco que ofrece para conducir constantemente hacia la consciencia del tawhîd en todos los niveles: individual y social, material e intelectual, racional y emocional, activo y contemplativo...

Esta consciencia del tawhîd es alimentada mediante unos ejercicios de integración.

La shahâda es un ejercicio de integración mental, donde acción y contemplación se despliegan y se funden como dos vivencias complementarias de la misma realidad.

El salât es un ejercicio de integración psicofísica, donde materia e intelecto (o espíritu) se despliegan y se funden como dos vivencias complementarias de la misma realidad.

El ayuno es un ejercicio de integración emocional, donde razón y emoción se despliegan y se funden como dos vivencias complementarias de la misma realidad.

El zakát es un ejercicio de integración social, donde individuo y sociedad se despliegan y se funden corno dos vivencias complementarias de la misma realidad.

El hayy es un ejercicio de integración global, donde transcendemos la polarización de las vivencias se despliegan y se funden en su complementariedad como aspectos de la misma realidad.

Así se va superando la dispersión en todos sus aspectos, transcendiéndola en dirección de una unidad subyacente superadora de los particularismos superficiales.