Maestro Eckhart

EL COMENTARIO DEL GÉNESIS

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El Génesis en sentido moral: primer sentido.

    15. Para la expresión moral, hay que notar que el texto dice que Dios ha creado el cielo y la tierra, es decir, que primero nombra el cielo, y después la tierra. Con ello se ataca, primero, a quienes, contra la sentencia de Mateo: "Buscad primero el reino de Dios" (50), hacen pasar los bienes terrestres antes que los del cielo. Son semejantes al perro que, queriendo atrapar la sombra del trozo de comida, no llegan a la comida (51).

    Segundo, igualmente se ataca a quienes hacen el bien por temor, y no por amor. Éstos, en efecto, se vuelven antes a la tierra, es decir, al castigo, y no al cielo, es decir, al amor del bien. Contra ellos dice el poeta (52): "Los malvados han odiado el pecado por temor al castigo". También contra ellos dice Agustín en De vera religione, cap. 38, que tienen su estilete al revés, escriben con el mango y lo sostienen con la punta (53). Semejantes personas tienen la cabeza abajo y los pies arriba, y para ellos el cielo está abajo; Marcos, 8: "Veo andar a los hombres, que parecen árboles" (54). No es entonces milagroso que trabajen mucho y que sufran: es que actúan contra el orden de la naturaleza, contra el ímpetu de la inclinación natural, contra el orden de Dios, que en el principio creó el cielo, Jb.: "Tú me has hecho alzarme contra ti, y me he convertido en una carga para mí mismo" (55).

 

NOTAS AL PUNTO 15º

50. Mt., 6, 33.

51. Para este ejemplo, ver Étienne de Bourbon, Tractatus de diversis materiis praedicabilibus.

52. El texto del "poeta", i. e., Horacio, Ep., I, 16, 52, es ligeramente diferente.

53. En realidad, es el cap. XX, 39.

54. Mc., 8, 24.

55. Jb., 7, 20.

 

Segundo sentido.

    16. Además, se dice que Dios ha creado el cielo y la tierra en el principio, es decir, razonablemente, como antes se ha explicado, porque el hombre deificado sabe cómo disponer de lo que le es propicio y de lo que le es contrario, de los bienes y de los males, y sabe usarlos, como se dice en Rom. 8: "Para quienes aman a Dios, todas las cosas colaboran en el bien" (56). En el principio Dios creó el cielo y la tierra: en el principio, es decir, razonablemente.

 

NOTAS AL PUNTO 16º

56. Rm., 8, 28.

    17. A propósito de ello, nota dos cosas sacadas de Rabbi Moisés (57). Primero, "hay una diferencia entre principio y primero (58). Un principio, en efecto, es algo que reside en aquello de lo cual es el principio, o que le acompaña y no le es anterior en el tiempo. Es así que el corazón es el principio de la vida de los animales". "Pero se llama el primero a lo que es más antiguo en el tiempo, sin ser causa de lo que viene después, como si dijéramos: el primero que habitó esta casa fue Pedro, y tras él Juan". "Ahora bien, la palabra con la que comienza el libro del Génesis en lengua hebrea significa "principio", y deriva de la palabra "cabeza", que es el principio del cuerpo en todos los animales".

 

NOTAS AL PUNTO 17º

57. Maimónides.

58. Para todo esto, cf. Maimónides, Dux neutrorum, II, 31. La interpretación del "Principio" (arjé) como "Príncipe" (arjei), que une a la noción de comienzo la de mandato, está probada desde Teófilo de Antioquía, Ad Autolycum, texto y comentarios en P. Nautin, "Génèse I, 1-2, de Justin à Origène", In Principio, Interprétations des premiers versets de la Genèse, París, 1973, p. 71, especialmente: "Este Verbo es llamado arjé porque es el jefe (arjei) y el maestro de todos los seres creados por su mediación". Sobre la relación "cabeza-principio" en hebreo, cf. igualmente las Hebr. quaest. in Gen., de Jerónimo, I, 1. Sobre los diferentes sentidos de la palabra arjé, ver Basilio, In Exaem. hom., I.

    18. Segundo. Dios simultáneamente creó el cielo y la tierra y todas las cosas que se hallan "en estado acabado y en plena belleza", "en la perfección de la especie y de la forma y en la de la elección de los accidentes", pero éstos no aparecen simultáneamente. Puede a propósito de esto evocarse el ejemplo del "campesino que siembra al mismo tiempo diferentes géneros de granos en la tierra. Una parte brota al cabo de un día, otra en dos, otra en tres. Pero todos los granos fueron sembrados a la misma hora (59).

 

NOTAS AL PUNTO 18º

59. Maimónides, Dux neut., II, 31. El texto de Maimónides se adapta perfectamente a la doctrina de las razones eternas (o "seminales", según el término empleado por Agustín). Todas las causas ejemplares son declaradas simultáneamente en el Verbo: no es sino en el exterior que aparecen las diferencias, y también por ello un orden.

 

Tercer sentido y recapitulación general.

    19. Retomando ahora lo que se ha dicho: En el principio Dios creó el cielo y la tierra, decimos:

 

El ser, fin de la creación.

    Primero, que Dios creó el cielo y la tierra en el principio, es decir, en el ser o por el ser y a causa del ser; ha creado las cosas para que fueran, Sb. I: "Él ha creado para que todas las cosas fueran" (60). El ser es, en efecto, la primera de todas las ideas o perfecciones y su principio. Ya he desarrollado esto a propósito del primer capítulo del libro de la Sabiduría.

 

Dios crea en sí mismo.

    Segundo, que Él creó en el principio, es decir, que creó de tal manera que las cosas no fueran entonces en el exterior de él. Es de modo diferente a todos los artesanos inferiores a Dios. En efecto, el maestro de obras construye la casa en su exterior. Agustín, en sus Confesiones, libro IV, [dice]: "Él no ha hecho las cosas para después abandonarlas, por el contrario, todo lo que viene de él permanece en él".

 

NOTAS AL PUNTO 19º

60. Sb., I, 14.

 

Es decir, ahora.

    20. Tercero, que Él creó en el principio, es decir, que ha creado de una manera tal que creará siempre; Jn., 5: "Mi padre obra hasta ahora" (61).

 

Y en el Hijo.

    Cuarto: En el principio, es decir, en el Hijo, Jn., 8: "Yo soy el principio" (62). Debe ser notado aquí que, al igual que nada deviene justo si no es por la justicia engendradora, que, en tanto que tal, es inengendrada, y por o en la justicia, engendrado, nada es creado sino por el ser inengendrado [que es el Padre], y en el ser engendrado, que es el Hijo (63).

 

O Razón.

    Quinto: Él creó en el principio, es decir, en la Razón. La Razón, en efecto, el logos, o Verbo, es el principio de todas las cosas.

 

NOTAS AL PUNTO 20º

61. Jn., 5, 17.

62. Jn., 8, 25.

63. El tema de la Justicia (inengendrada y engendradora) es uno de los principales paradigmas eckhartianos de la relación Padre-Hijo en la vida trinitaria. Pero también es el modelo de la deificación del hombre "engendrado hijo" en el Hijo engendrado.

 

Segunda crítica del emanatismo.

    21. Sexto: En el principio él creó el cielo y la tierra, pues los más bajos de entre los seres son los primeros al igual que los más altos, y todos se refieren al ser y en el ser (64), según este pasaje: "Si hasta los cielos subo, allí estás tú, si al infierno desciendo, allí te encuentras" (65). Y esto contra la opinión de Avicena y otros que dicen que Dios creó en el principio la Inteligencia, y que por su mediación creó el resto (66). Todas las cosas, de hecho, reciben el ser sin mediación, sólo de Dios, y en igualdad. El ejemplo está en las potencias del alma y en los órganos del cuerpo, pues todos reciben el ser del alma inmediatamente y en igualdad, y no hay pues ninguna gradación en el ser, en la vida o en el alma.

 

La función del mal.

    Séptimo: El cielo y la tierra, es decir, los bienes y los males, Is. 45: "creando la desgracia y aportando la paz" (67). En efecto, la percepción del universo requiere que el mal sea, y el propio mal está comprendido en el bien (68) y referido al bien del universo, que se vuelve primero y por sí mismo a la creación.

 

NOTAS AL PUNTO 21º

64. Estas pocas líneas fueron incriminadas en la primera lista de la acusación de Colonia.

65. Sal. 139, 8.

66. Esta segunda crítica del emanatismo refuta entonces a Avicena y a quienes sostienen que Dios produjo a la criatura corporal por mediación de los ángeles. Cf. Avicena, Met., IX, 4; Algazel, Met., V; Averroes, Destr. Destr., disp. 3, Lib. de Causis, prop. III, y los "platónicos" Macrobio, In somn. Scip. comm., I, XIV, 6 ss. Igualmente, Tomás, Sum. contr. Gent., II, c42.

67. Is., 45, 7.

68. Cf. Tomás de Aquino, Iª P, q. 48, a. 3. Eckhart solicita en el sentido de una teodicea la doctrina de Tomás según la cual el concepto del mal implica o contiene la negación del concepto del bien ("importat rationem boni privative acceptam").