Maestro Eckhart

EL COMENTARIO DEL GÉNESIS

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Simultaneidad de la creación

    8. El hecho de que se encuentre el orden inverso en He. I, así como en el Salmo: "En el principio, Señor, tú has fundado la tierra; y los cielos son obra de tus manos" (28), no ofrece dificultades.

    Primero, las frases "que resultan de una permutación de los nombres y de los verbos significan lo mismo" (29).

    Segundo, del mismo modo que las cosas que no hacemos simultáneamente y de una sola vez, por ejemplo los cimientos, los muros y el tejado, son expresadas simultáneamente por un solo nombre, "casa", a la inversa e igualmente las que Dios hace simultáneamente no pueden ser simultáneamente expresadas por nosotros, puesto que, a diferencia del nuestro, el decir de Dios es su hacer, y ello porque, a diferencia del nuestro, el decir de Dios es causa de su obra en la totalidad y en cada una de las partes (30). Debe notarse entonces que si los materiales de la casa provinieran todos del arquitecto, y le obedecieran en todo al menor signo, bastaría con que concibiera los planos para que todas las partes y la casa misma fueran simultáneamente producidas en el ser. En efecto, como nuestro saber, nuestra acción nace de las cosas, y es por ello que depende de ellas, y cambia cuando ellas cambian. A la inversa, las cosas tienen su origen en la ciencia de Dios y de ella dependen, y es por esto que, siéndole posteriores, pueden cambiar, sin que Dios cambie en su conocimiento. Tal es el sentido del Salmo al cual añade el Apóstol a propósito de los cielos: "Tú los cambiaras, y ellos serán cambiados. Pero tú permaneces idéntico" (31).

 

NOTAS AL PUNTO 8º

28. He. I, 10; Sal. 101, 26.

29. Aristóteles, De la interpretación, 10, 20b I.

30. El tema de la disyuntiva entre el decir y el hacer humanos está sacado de la Glosa ordinaria. El ejemplo de la casa está quizá extraído de Beda, Lib. IV in princ. Gen., I, I, I. La "conjunción" entre el decir y el hacer divinos está expresada igualmente en el mismo texto (p. 3, 16-19).

31. Sal. 101, 27 ss.; He. I, 12.

 

    9. Tercero, además, es necesario observar que nada en las criaturas es perfecto desde todos los puntos de vista: muchas son entonces aquellas que son las últimas de entre los seres, pero que destacan sobre las primeras en algún aspecto. Es por ello que tenemos el topos de que lo que es semejante a lo mejor, no es mejor sino a condición de serle semejante en lo que tiene de mejor (32). De hecho, la tierra es incluso superior al cielo en cuanto a la estabilidad o la inmovilidad. Y por esta razón el comentador y sus partidarios localizan el cielo con respecto a la tierra o al centro. Encontrarás todo ello en su lugar en la Opere quaestionum (33). De ello se deriva también esta frase llena de sentido: "En el principio, Señor, tú has fundado la tierra" (34), según este pasaje del Salmo: "Tú has fundado la tierra sobre su estabilidad" (35). En fin, de ello viene además que, en el hombre, lo que está a la derecha conviene naturalmente mejor al movimiento y se expone con prioridad, mientras que lo que está a la izquierda se adapta mejor a la fijación. En efecto, cuando alguien comienza a moverse, avanza el pie derecho, pero se apoya y se sostiene sobre el izquierdo (36). De igual modo, el obrero trabaja con la mano derecha, pero sostiene aquello sobre lo que trabaja con la mano izquierda.

    En cuanto a lo que dice el Eclesiástico: "Aquel que vive para la eternidad lo ha creado todo al mismo tiempo" (37), se encuentran las suficientes explicaciones en otros [comentadores] (38).

    He aquí el segundo de los cuatro puntos principales.

 

NOTAS AL PUNTO 9º

32. Ar., Top., III, 2, 117b 20-26. De hecho, esta fórmula lapidaria condensa el enunciado de Aristóteles ("en el caso de dos cosas, si una es más semejante a una cosa mejor y otra a una menos buena, será mejor la que es más semejante a la mejor") y una objeción ("Puede ocurrir […] que la cosa semejante a la mejor cosa se le parezca en sus aspectos menos buenos, mientras que la cosa semejante a la menos buena se le parezca en sus aspectos mejores").

33. Averroes, Phys., IV, com. 43. Las Auctoritates Aristotelis dicen en el mismo sentido: "caelum non est in loco per se, sed per accidens, scilicet ratione centri", enunciado atribuido a Averroes. Eckhart se une a la enseñanza de Tomás de Aquino, tomada de Thémistius, según el cual la esfera del cielo es localizada por sus partes, y no por el centro. Para Tomás, las partes de la última esfera (el cielo, cuyo movimiento es continuo y circular) están solamente en potencia en un lugar, estando la totalidad de la esfera en un lugar por accidente, pero en razón de sus partes intrínsecas, y no en razón de un centro (la tierra), que permanece totalmente extrínseco a su substancia. Así, ningún cuerpo contiene al cielo, pero debido a la circularidad de su movimiento, cada una de sus partes contiene potencialmente a una segunda, y está potencialmente contenida por una tercera.

34. He., I, 10.

35. Sal. 103, 5.

36. Ar., De coelo, II, 2, 284b 28: "el movimiento local" parte "de la derecha".

37. Si., 18, 1.

38. Especialmente en Agustín, De Genesim ad literam, IV, XXXIII, 51-52. Se sabe que en sus Sermones y lecciones sobre el Sirácida, el propio Eckhart no comenta Si., 18, 1, sino solamente 24, 23-31.

 

Crítica del emanatismo necesario.

    10. Nos falta por ver en tercer lugar cómo muchas cosas distintas y diversas, como el cielo, la tierra y otras semejantes, pueden ser o ser producidas inmediatamente por un solo ser simple, quiero decir, por Dios. En efecto, se dice: En el principio Dios creó el cielo y la tierra.

    A esto se responde -y es justo- que existe una profunda diferencia entre lo que actúa según una necesidad de naturaleza y lo que actúa voluntariamente y por medio del intelecto, como es el caso de Dios, tal como afirma Tomás, 1º P., q. 47, a. I. En apoyo de esto, se dice que: En el principio, es decir, en el Intelecto, él creó el cielo y la tierra.

    Avicena ofrece una segunda respuesta, más sutil, en el capítulo IV del libro IX de la Metaphysicae (39). Tomás se opone a ella en el pasaje que acabo de indicar, al igual que Rabbi Moisés en el capítulo 23 del libro II (40). Un célebre maestro tenía la costumbre de sostener que del uno no puede, inmediatamente, resultar nada más que el uno.

 

NOTAS AL PUNTO 10º

39. Avicena, Met., IX, 4. De hecho, es todo el emanatismo aviceniano, y especialmente su concepción de la producción de la Primera Inteligencia y su papel en la producción de las inteligencias, almas y cuerpos ulteriores, lo que constituye la "respuesta" de Avicena.

40. Maimónides, Guía de perplejos.

 

    11. Pero yo mismo tengo la costumbre de responder de otro modo y de tres formas diferentes. Primero, suponiendo que Dios actúe según una necesidad de su naturaleza, digo esto: Dios actúa y produce las cosas por su propia naturaleza, es decir, por la naturaleza divina. Pero la naturaleza de Dios es el Intelecto y, para él, ser es conocer (41); luego es por el Intelecto que él produce las cosas en el ser. Y, en consecuencia, al igual que no es contrario a su simplicidad el conocer muchas cosas a la vez, [nada se opone] a que produzca sin intermediarios muchas cosas distintas.

    Segundo, es por su forma y por la propiedad del calor que el fuego engendra al fuego y que calienta. Si igualmente poseyera la forma del agua y la propiedad de lavar y refrescar, engendraría simultánea e igualmente fuego y agua, y a la vez calentaría, lavaría y refrescaría. Pero Dios posee todas las formas y las de todas las cosas (42). Así, produciendo según su naturaleza, Dios puede producir cosas diversas, y todas sin intermediarios.

 

NOTAS AL PUNTO 11º

41. Eckhart retoma aquí la tesis central de la Question I Utrum in Deo sit idem esse et inteligere, determinada en París hacia el 1302-1303. Dios es solamente intelecto (conocimiento, pensamiento intelectivo), y siendo solamente intelecto, es solamente ser (i. e. su esencia intelectual es su ser, él es su propio ser). La identidad entre el ser y el intelecto divinos es indisociable del tema de la creación en el Verbo.

42. Todas las cosas subsisten eternamente en Dios a título de causas primordiales. La misma idea puede decirse así: que todas las cosas preexisten en Dios, o que Dios contiene todas las cosas. Basta al espíritu con saber que esta preexistencia no se refiere a los efectos producidos en el exterior ("ex-sistentes", "extra-hechos"), sino sólo a las razones eternas, antes de su existencia, en el interior. La fuente principal es aquí Dionisio (D. N., c. 4, 6), y también Alberto Magno y el Erigena.

 

    12. Tercero, yo digo -y esta respuesta es mejor- que, en verdad, de lo que es uno y uniforme en su manera de ser, siempre procede inmediatamente algo. Pero este algo es todo el universo, que procede de Dios y que permanece como uno en la multiplicidad de las partes que lo constituyen (43). Igualmente, Dios, que produce, es uno, es decir, simple en su acto de ser, de vivir y de conocer, y [simple] en sus obras, aunque rico en razones ideales. En efecto, por regla universal, la naturaleza, en principio y por sí misma, se vuelve y se extiende inmediatamente hacia el todo.

    A propósito de esto, cabe señalar: primero, que cuanto más perfecta y simple en su ser es una cosa, más rica es desde el punto de vista de las razones y de las potencias. Por ejemplo: entre todas las formas [que se encuentran] en la materia, el alma racional es la más perfecta, de modo que es la más simple en ser y en sustancia, pero la más diversificada en sus potencias, como atestigua y demuestra la distinción y la diversidad de los órganos del cuerpo humano (44).

    Segundo, debe notarse que cuanto más perfecto es el universo o el mundo, más simple es su ser, más numerosas son sus partes y más variadas son en su pluralidad.

 

NOTAS AL PUNTO 12º

43. El universo, y no, como en Avicena, la Primera Inteligencia. Se sabe que a Eckhart le gustaba presentar el universo como "lo que está vuelto hacia el Uno".

44. Acerca del tema aristotélico del papel y del estatuto eminente del alma racional en la jerarquía de las formas, cf. Tomás, 1ª P., q. 76, a. 1, resp.

 

La creación del ángel.

13. De ello se desprende la evidencia de la solución a la pregunta y a la duda planteada por algunos espíritus groseros, que inquieren si Dios ha producido primero al ángel o a una criatura cualquiera antes que a las demás (45). En efecto, él no ha producido inmediatamente tal o cual parte del universo: es todo el universo lo que él ha producido inmediatamente, este universo, afirmo, que no habría sido producido y que no sería el universo si le faltara alguna de sus partes esenciales. De hecho, el universo no sería el universo si careciera de la piedra, o de la madera, o de la naturaleza del espíritu angélico (46). He aquí entonces el tercero de los cuatro puntos principales anunciados antes.

 

NOTAS AL PUNTO 13º

45. Esta cuestión, ligada a la precedente, es tratada especialmente por Basilio, In Exaem. hom., I: "Pues hubo, al parecer, antes incluso de que el mundo fuera (…), antes del génesis del mundo, una condición que convenía a las potencias celestiales: la superación de nuestra categoría del tiempo, eterno, perpetuo". Hugues de Saint-Victor discute la tesis de la creación primordial del Ángel en De Sacr., I, c. 3. En 247c, él dice aceptar la anterioridad del Ángel "non (…) tempore, sed causa solum et respectu et dignitate".

46. Habiendo producido el universo "simultáneamente y de una sola vez", Dios no ha producido una o varias partes antes que otras, ni (lo que es lo mismo) ha producido el todo sin una u otra de sus partes. Sea cual sea su dignidad, la falta de una parte del universo hace que éste no sea el universo. Bajo este aspecto de la cuestión, la simple piedra es tan esencial como el Ángel.

 

La donación del ser.

14. El cuarto, es decir, que todo lo que es inferior a Dios recibe su ser de otro o de otra parte, está también establecido a partir de lo que acaba de ser mencionado: en efecto, se dice que Dios creó el cielo y la tierra, o sea, lo más alto y lo más bajo, y, en consecuencia, todo. Ahora bien, la creación es la donación del ser. Y es lo que dice Proclus en la proposición 11 (47): "Todos los seres proceden de una causa única que es la primera". Y Agustín, en el libro I de las Confesiones, declara: "No puede encontrarse ninguna vena por la cual el ser se expanda en nosotros, si no es, Señor, el acto mediante el cual nos has hecho" (48). Pero no debe imaginarse que Dios viene a nosotros como desde el exterior, pues en tanto que causa primera está en el interior de todo lo que es; y su efecto, o su influencia, en la medida en que viene de lo primero y de lo más alto, es el más natural, el más suave y el más adecuado de todos. Se demuestra esto en la Opere propositionum, tratado De superiori, por el razonamiento y por el ejemplo (49). Estas observaciones bastan por ahora para la exposición literal de la autoridad a comentar, según la cual En el principio, Dios creó el cielo y la tierra. He dado otras explicaciones en el Prólogo general a toda la Obra tripartita.

 

NOTAS AL PUNTO 14º

47. De sus Elementos de Teología.

48. Agustín, Conf., I, VI, 10.

49. Este tratado está hoy en día perdido.