¿Qué es eso del Islam?

por Muhammed Yibril Benedí González
www. zawiya.org 



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Antes era católico no practicante, como la mayoría de los españoles,  de los que sólo entran en la iglesia o en festejos o en funerales. Cuando me reconocí musulmán, hace un año, no sabía apenas nada, sólo tenía una intuición muy fuerte de que estaba en el buen camino. Ahora, después de leer mucho sobre el Islam, de aprender de personas sabias y, sobre todo, de hablar con mucha gente musulmana de varios países, españoles incluidos, me siento un poco capacitado para explicar a quien quiera leer este texto  lo que es el Islam, y también lo que no es.

El Islam no es una religión: es sentimiento y liberación

El Islam no es una religión, ¿por qué? Pues porque no tiene iglesia, y también porque no te obliga a creer en dogmas que no puedes entender con la razón. Al contrario,  el Islam es una invitación a los sentidos, ¿cómo? Nada más y nada menos que poniendo en práctica  lo que predicaron Jesús y todos los profetas (la paz sea con ellos): amar a Dios sobre todas las cosas, sentir a Dios en tus acciones. Esto significa iniciar el camino espiritual de liberación de todo lo que no te deja ser humano: avaricia, envidia, egoísmo, vagancia, afán de protagonismo, afán de posesión, antipatía, soberbia... El objetivo, ¿cuál es?: una sociedad justa, en la que cada individuo  ame al prójimo, sea delicado en el trato,  respete los animales, las plantas, las cosas, el planeta, se convierta en buen padre o buena madre, en buen esposo o buena esposa y en buen hijo o en buena hija, de los que cuidan a sus progenitores y a sus abuelos hasta el final. Una sociedad en la que nadie  preste obediencia ciega a nadie ni a nada: es decir, una sociedad de individuos libres.

El Islam declara al hombre que es posible tener una experiencia humana sin mentiras y sin miedos, y eso te transforma en  persona de juicio, justa, generosa, alegre, cariñosa (a un musulmán  te lo comes con cariño), a dar de comer a quien tiene hambre, a acoger al huérfano y educarle, a llorar de verdad cuando tienes pena y a reír de verdad cuando tienes alegría, a aceptar las desgracias con paciencia, a maravillarse con una puesta de sol y con  la perfección de las criaturas, a agradecer a Dios el mero hecho de existir, a convertirse en una persona humana, a considerar al prójimo como hermano, a evitar el mal y aconsejar el bien, a reconocer un error y reparar sus consecuencias, a liberarse del miedo a la vida que conduce al aislamiento y a la creación de una fortaleza en torno de sí mismo, a tener disciplina con el cuerpo, sea haciendo Salat cinco veces al día o ayunando en el mes lunar de Ramadán para limpiar el cuerpo, darse cuenta que uno es una simple criatura que no puede vivir sin comer ni beber y también para solidarizarse con los que pasan necesidad.

Recelo de occidente hacia lo islámico

Una comunidad de gente con las cualidades mencionadas es una comunidad donde no hay hambre, donde impera la justicia, y, sobre todo, una comunidad fortísima, sobre la cual ningún gobernante tiránico tiene poder. En una sociedad como la nuestra, formada por individuos aislados que se preocupan solo de lo suyo, el gobernante hace lo que quiere y el ciudadano, ante una injusticia,  se da cuenta que es impotente ante el poder, que no se puede defender, porque está solo. En cambio, la fuerza interior de una sociedad islámica pura da mucho miedo a los gobernantes occidentales. Por eso ocultan el significado del Islam vistiéndolo de mentiras, y más aún, infundiendo un sentimiento de inferioridad en muchos musulmanes de todo el mundo.  Esta es la razón también  por la que los países musulmanes están en manos de gobernantes manejados por Europa y USA y obligados a callar y a dejar a su suerte  a los hermanos de Chechenia o de Palestina. En la mayoría de los países llamados islámicos hay mucha hambre y mucha injusticia, causada, por un lado,  por gobernantes que ejecutan una política anti-islámica que conduce a la miseria,  y por otro lado,   por mucha gente con complejo de inferioridad ansiosa por emular la vida ilusoria occidental.

Sometimiento  a la realidad: significado de la palabra Islam

El musulmán de verdad se somete a la realidad, que es lo mismo que decir someterse a lo que viene de Dios, sea bueno o malo, deja que su vida fluya; siente que Dios es la esencia de toda criatura; siente que Dios late en su corazón; limpia su corazón de todo lo que no le deja ser humano; no permite que su vida sea dominada por fantasmagorias como el dinero, el poder, la hipocresía, la opresión de un tirano o la victoria o derrota de su equipo de fútbol; no arrincona a Dios en cosas, momentos y lugares determinados; es una persona auténtica, que dice lo que piensa; siente a Dios en su corazón y proyecta este sentimiento de amor y paz en todo lo que ve y todo lo que toca.

Yihad

Si alguien o algo  tiraniza o intenta tiranizar al musulmán, el musulmán pone todo su empeño en liberarse: esto es el yihad,  es decir, yihad no es hacer la guerra santa para conquistar territorios. Yihad es lo que están haciendo los palestinos y los chechenos en la actualidad o lo que hicieron  en el pasado los andalusíes, los primeros musulmanes en Arabia o los primeros seguidores de Jesús:  dejar sus casas y sus trabajos y hacer la guerra para liberarse de un tirano o de un enemigo exterior. Más tardaré trataré el “gran yihad”.

La libertad islámica y la sociedad occidental

El Islam es la meta que tiene el musulmán de convertirse en ser humano libre, de vivir con sencillez y respeto por todo, de bajarse del tren de la religión que te limita, de liberarse de  todas las ataduras banales.

El hombre occidental ha sido tan machacado por la religión que se ha convertido en el tirano del mundo: ha sido un niño maltratado que se convierte en padre maltratador. Por eso la sociedad occidental esclaviza a las personas, les hace crearse ilusiones y creerse que son alguien: eso es el culto a la personalidad, que no es nada más ni nada menos que prostituirse para conseguir algo efímero. Y esto crea soledad y dolor. ¿Alguien de vosotros, en la cumbre de la carrera, ha sentido  que le falta algo, que no se siente feliz, pero que no sabe lo que es? Entonces es cuando se ha de desandar lo andado, volver a la sencillez, volver a ser humano, volver al Islam.

La meta del musulmán: el gran yihad

Pero no vale con reconocerse (no “hacerse”) musulmán, cambiarse el nombre e incluso cambiar la forma de vestir como hacen algunos, para convertirse en una persona tan magnífica.  El Islam es una meta, y para llegar,  la persona se ha de librar, en la medida que pueda, de todo lo que no le deja ser humano: avaricia, envidia, egoísmo, afán de posesión, ganas de destacar, antipatía, soberbia....  Esto el “gran yihad”, es decir, el camino espiritual de liberación de todo lo que te tiraniza. ¿Y adónde se llega? A ti mismo. El Islam te lleva a ti mismo. El sabio Sócrates difundió lo que estaba escrito en el oráculo de Delfos: “Conócete a ti mismo”. Y también Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: “Quien se conoce a sí mismo, conoce a su Señor”.

Conocerse a sí mismo es saber lo que eres de verdad. Y también conocer la historia de tu familia y la de tu país te pone los pies en la tierra (esto lo expresó muy bien Bruce Springsteen). Muy sencillo y a la vez muy difícil. Pero de tan sencillo y liberador que es, por eso el Islam es tan atacado y falseado.

Algunos tópicos achacados al Islam

Hay muchos temas que se tachan de islámicos cuando en realidad no lo son: por ejemplo, la práctica salvaje de la ablación del clítoris en algunas tribus africanas (no sólo  musulmanas, sino también cristianas o animistas); el machismo del que ni Occidente aún se ha liberado,  porque el Corán establece claramente la igualdad entre hombre y mujer; la guerra santa para conquistar territorios, porque la guerra de agresión es anti-islámica.

El Islam como liberación y enriquecimiento de los pueblos

El Islam es liberación: acaba con lo que oprime el corazón del hombre, sea un defecto, sea un tirano. El Islam en 80 años liberó a medio planeta, incluida Hispania, de las tiranías. Millones de personas se islamizaron, acabaron con las tiranías y llevaron, por ejemplo,  a naciones como  Iraq o  Al-Andalus a la cúspide de la civilización y de la espiritualidad:  Bagdad y  Córdoba  eran los centros culturales y espirituales del mundo entonces conocido,  donde se respiraba sabiduría en todos los rincones. Y todo esto gracias al amor por el estudio que el Islam infunde en el corazón del ser humano. Por eso, desde el nacimiento de la ciencia islámica   los sabios musulmanes han sido no solo doctos, sino doctísimos en todos los campos del saber. Al-Andalus (la España y el Portugal islámico) era de verdad grande, rico y admirado por todas partes.  Córdoba era famosa por sus bibliotecas y venía gente de todas partes ávida por comprar libros en los mercados y aprender de sus sabios. Los sabios andalusíes enseñaron a Europa la ciencia, la astronomía, la botánica, la medicina, las matemáticas, es decir, todo lo que los europeos necesitaban para su “renacimiento” y “liberación” de la opresión religiosa.

Pero al contrario que Bagdad, en Al Andalus la práctica del Islam entre sus gobernantes decayó causando el final del Califato de Córdoba y la lenta agonía de los reinos de Taifas y, por último, del reino de Granada. Los enfermos y tiránicos gobernantes andalusíes no pudieron defender a su pueblo de un enemigo exterior poderosísimo que tardó  ocho siglos en conquistar por la fuerza lo que el Islam había conseguido en cinco años por la palabra.

La gran incógnita de la llegada del Islam a España

La gran falacia de la historia de España es hacer creer que la llegada del Islam a la península fue una invasión militar terrible que hizo perder al catolicismo una tierra que era suya, y que como era suya, la tenía que recuperar. Reflexionemos: en la Hispania visigoda, con la población, en su mayoría arriana, sumida en la miseria y  en la persecución religiosa,  con la nobleza visigoda enfrentada entre el bando católico y el arriano, con el clero como protagonista en las intrigas palaciegas, ¿no es lógico pensar que los visigodos arrianos e hispanos en general recibieron con una profunda conmoción y alegría la noticia de un nuevo profeta que les confirmaba el mensaje de Jesús? ¿No es lógico pensar que la población hispana esperaba con los brazos abiertos la llegada de sus hermanos musulmanes para liberarse de la tiranía? ¿Había musulmanes hispanos antes del 711? ¿Los herejes que tanto perseguía la Iglesia antes del 711, eran sólo judíos, arrianos y paganos, o  también musulmanes? ¿Por qué un obispo, como Oppas, se puso del bando islámico? ¿Por qué la conquista de la península fue  un “paseo”, cuestión incomprensible para los historiadores? Conociendo lo que es el Islam, es ilógico mantener el discurso de la invasión militar en busca de botín y tierras, porque es anti-islámico.

Desde la conquista cristiana hasta la muerte de Franco

La desaparición de Al-Andalus como entidad política  supuso, en la nueva España unificada política y religiosamente y en el nuevo Portugal de  los siglos posteriores,  el hundimiento del país en la miseria económica, intelectual y espiritual y en la represión política y religiosa. Hasta la muerte de Franco, España fue una constante batalla entre moros y cristianos, es decir, entre los amantes de la libertad  y la clase dominante que se la niega, entre progresistas y conservadores, entre demócratas y fascistas, entre la vida y la muerte: esto es las dos Españas.

Lo que queda del Islam en la península hoy

Algo del Islam queda en el corazón del descendiente del andalusí, por eso pienso, como dijo Antonio Gala, que el andaluz siente un amor secreto por el Islam, es decir, un amor por la vida que no sabe de dónde le viene. Se nota sobre todo en la gente de los pueblos, esa misma gente que  durante generaciones ha sufrido vejaciones, humillaciones y maltrato, pero que ha conservado el amor por la vida, la hospitalidad con el otro, el significado de la familia... Y no sólo el andaluz, también el aragonés,  valenciano, mallorquín, algarvío..., Y los monumentos, fuentes de riqueza inagotable para los que siguen ocultando el Islam y desprestigiándolo.

Islam y anti-Islam

Para acabar, una cosa es el Islam, paz interior y una sociedad en paz, y otra cosa es cómo se comportan muchos musulmanes. Cuando veáis a un musulmán que roba, que es hipócrita, que mata o pega a su mujer o que la humilla, que es antipático, mal padre, soberbio, avaro, insensible, que maltrata, egoísta, avaricioso, que asusta cuando habla, machista, traicionero o que se acuesta con una mujer que no es la suya, no os confundáis, no es nada cultural, es que sencillamente muestra lo que no es Islam, es decir, no actúa como un buen musulmán o  no ha iniciado aún su camino espiritual de liberación de todo lo que he mencionado antes que no le deja ser humano.

Al contrario, cualquiera de vosotros que seáis buenas personas, simpáticos, amables, de mirada tranquila, cariñosos, sinceros, de buen corazón, siempre seréis tenidos por musulmanes, aunque no habléis árabe y por muy ateos, agnósticos o católicos seáis.  Id a Marruecos, por ejemplo, y haced la prueba. Por lo que dije al comienzo, el Islam no es una religión, es el modo de vida que predicaron Jesús y todos los profetas (la paz sea con todos ellos). Y si queréis saber más, la primera palabra revelada por Gabriel a Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) en el Corán es: “¡Lee!”.

Pero sólo Allah sabe.