Los moriscos de Granada

Por Bermúdez de Pedraza



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Tras la conquista (1492) los Reyes Católicos nombraron arzobispo de Granada a Hernando de Talavera, quien inmediatamente comenzó, entre los moros del reino, una suave y lenta tarea de adoctrinamiento y persuasión que iba poco a poco consiguiendo conversiones. El Car­denal Cisneros, llegado a Granada en 1499, considerando que la tarea y los medios utilizados por el arzobispo eran insuficientes, emprendió una serie de conversiones masivas más o menos forzadas, lo cual, ade­más de otros actos como la quema de las bibliotecas árabes, hizo que los moros consideraran que se violaban las Capitulaciones. Ello fue la causa de la rebelión del Albaicín que, cundiendo por diversas partes del reino, no pudo ser sofocada hasta casi dos años después (1501). Ese mismo año, los reyes, mediante una serie de pragmáticas, decre­taron la conversión de los moros granadinos. Todo ello contribuyó a avivar la aversión de los moriscos por la religión de sus conquis­tadores. Como dice Bermúdez de Pedraza:

La avaricia de los juezes, la insolencia de sus ministros traían desabridos a los moriscos; hazian muchos agravios so color de executar prematicas. Y los ministros eclesiasticos no eran de mexor condicion, con que los moriscos acabaron de perder la devocion a nuestra religion y la paciencia al remedio.

Según este mismo autor (F. Bermudez de Pedraza, Historia eclesiastica, principios y progressos de la ciudad y religion catolica de Granada, Granada, 1638, folio 236), la conversión fue totalmente ficticia:

      Los Reyes, como tan catolicos christianos desseavan mas el provecho espiritual de sus vasallos que el suyo temporal. Desseavan ver a los moriscos constantes en la religion catolica favorecianlos mucho con mercedes y buen tratamiento y los recomendaban a los ministros de justicia pero era sembrar en arena y aun en peñas. Reconociose brevemente que todas estas eran obras muertas. Eran christianos aparentes y moros verdaderos. Atendían mas a los ritos y ceremonias de su seta que a ley de Christo nuestro señor, estando mas bien tratados de nuestros reyes que de los suyos y mas aligerados de cargas y tributos, abusavan del buen tratamiento suspirando por las ollas de Exypto, por su oveja y cabra, por su zala y sus zambras. No eran moros declarados sino hereges ocultos, en quien faltava la fe y abundava el bautismo; tenian buenas obras morales, mucha verdad en tratos y contratos, gran caridad con sus pobres, poco ociosos, todos trabajadores, pero poca devocion con los domingos y fiestas de la iglesia y menos con los santos sacramentos della. Yvan a missa de miedo de pagar la pena, trabajavan las fiestas a puerta cerrada con mas guste que los. otros dias y los viernes ­guardaban mexor que los domingos. Lavabanse aunque fuera en diziembre y hazian la zala. Bautizaban por cumplimiento los hijos y despues en casa les lavavan con agua caliente la crisma y olio santo y haz'iendo sus ceremonias los retaxaban y ponian nombre de moros. Las nobias ¡van por las ben­diciones a la Iglesia con vestidos de christianas prestados y en llegando a casa se desnudavan y se vestian de moras celebrando la boda con instrumentos y canciones moriscas. Aprendian las oraciones para casarse, porque les examinavan los curas, y en estando casadas no se acordavan mas dellas. Confessavan la quaresma de cumplimiento por tomar la cedula, y sus confessiones eran muy breves, lo que confessar antaño, confessar ogaño. A un morisco apretado de la enfer­medad fue a confessar el cura y comulgole tambien; despues le dixo como le faltava otro sacramento por recibir del santo olio si lo pedia a la iglesia. El morisco, mas afligido con esto que con el mal, dixo: «Pues tres tormentos en un día, confession, comunion y oleo?». En las alquerias y aldeas de el Alpuxarra y costa acogian a Turcos y Moros de Berberia que hurtavan niños de noche, y aun los moriscos, como ladrones de casa lo hazian mexor, y despues en una noche se passavan a Berberia con la infanteria (los niños) christiana. Enseñavanles su ley y los retaxavan y hazian moros, cosa de grande daño para el reyno, para ellos gran util y gran­geria.