Territorios moriscos: Cataluña, franja Oriental de la Frontera Superior de Xarq Al Andalus


Ponencia presentada por la Asociación Insha Allah de Barcelona, en la constitución de la Asociación de los Pueblos Moriscos


 

Si hablamos de pueblos moriscos, si hablamos de Al Andalus, nuestro punto de vista geográfico se fija en una zona demasiado limitada para el amplio significado que abarcan estas palabras en cuestión.

 Para situarnos en la zona que os venimos a presentar, hay que decir para localizar el lugar que: estamos hablando del segmento de sociedad andalusí que vivió en la franja oriental de la frontera superior o septentrional de Xarq al Ándalus; territorio que la conquista y estructuración de la sociedad feudal convirtió en Cataluña.

Arabistas e historiadores no se han renovado apenas, ni han ampliado los conocimientos que explican el cuerpo orgánico que construye la historia de los musulmanes en Cataluña. Hay dos razones que causan esta situación:

1 – Los conocimientos histórico-geográficos sobre el tema son incompletos;

2 – El ámbito que adopta su espacio era en el contexto de Al Andalus el segmento (parte) de una formación social más amplia.

En este momento actual, hay que hablar de “catalán” y de “cataluña” para referirse al territorio y habitantes de la frontera Superior de Xarq-Al-Andalus. frontera oriental (at-tagr ax-xarqí) o frontera oriental más alejada (qâsiyat at-tagr ax-xarqí) lo cual vinculaba Tortosa con la circunscripción andalusí llamada Xarq Al Andalus, en la que constaban también Valencia y Denia. Pero esto ocurre (el Islam) antes de la existencia de Cataluña, como tal.

De todas formas, ésta forma de hablar también demuestra que: en la construcción “biológica” de los catalanes hay un porcentaje muy elevado de cromosomas árabo-bereberes (una nissaga arábiga) palabra típica catalana (saga) que es de raíz completamente árabe, por ejemplo.

A pesar del vínculo geográfico – histórico – cultural – religioso – “biológico”, a pesar de esta herencia de la que se ha prescindido (a menudo inconsciente e involuntariamente) hay que tener en cuenta que Cataluña – como país – y los catalanes como pueblo, se formaron en época feudal – mucho más en contra del Islam que con el Islam.

Hubo una pre-Cataluña (islámica) pero éste es un tema casi desconocido. El período de presencia islámica o musulmana en Cataluña se prolongó durante más de 440 años; siglos (VIII – XII) aproximadamente del 713 hasta el 1153 en la última localidad que es un pueblo llamado Siurana del Priorat.

Todo este tiempo en la historiografía catalana, como un lapsus de tiempo (dilatado) que aparece y se interpreta como una época “obscura”. Como dice Pere Balañà “una especie de etapa – bisagra, que sirve para enlazar sin más. el magnífico legado de la romanización, filtrado por el visigótico, con la perspectiva esperanzadora de una incipiente “formación nacional”.

Esta es la síntesis habitual sobre la Alta Edad Media, que al preocuparse sobre todo por la intervención carolíngia, deja olvidados los aspectos relativos a la ocupación de los territorios catalanes por los musulmanes, a su forma de organización socio-económica implantada por nuevas étnias, a su idiosincrasia religiosa y cultural, etc...

O sea, que no se puede ni rechazar ni negar, dentro del proceso de formación nacional de Cataluña, la parte de influencia islámica que le pertenece y hay que aceptarla implícitamente.

Casi nadie ha dedicado nunca un estudio monográfico amplio sobre la etapa de la ocupación de Cataluña por los musulmanes. Por ejemplo: “Historia de Cataluña” Salvat (54, 1, 270-280). Casi como una “bisagra” que comentaba antes hay un capítulo de Dolors Bramon (que es una de las pocas estudiosas que ha profundizado en el tema; muy interesante) y Manuel Riu titulado “El impacto musulmán en tierras catalanas” (once páginas dedicadas al período musulmán de la Hª de Cataluña – frente a más de 1.800 pags. De que consta la obra). Cronológica e históricamente ¡cuatro siglos en 11 páginas!

La razón en parte coincide con que los que “autorizaban” estos trabajos no estaban especialmente interesados, ni en incorporar estudios de lengua árabe dentro del plan de estudios de un departamento universitario, ni tampoco en que hubiera ninguna asignatura dedicada específicamente al mundo islámico. Quien tenía un interés especial en los temas islámicos se transformaba voluntariamente en investigador del CSIC, donde se han formado estos últimos años un grupo de estudiantes interesados por la lengua árabe y la cultura musulmana.

De todas formas, se han hecho profundas reflexiones que señalan los vacíos que representan hoy orientaciones o campos abiertos para futuras investigaciones.

Así pues, cuando leemos: “El hecho de que la ocupación saraïna (una desafortunada forma de llamarlo) se produjera por lo general, estableciendo pactos - invasores y autoridades municipales y comarcales - permitió a la población indígena permanecer en sus lugares de origen”. Esto sugiere indirectamente que cuando los cristianos recuperaron las tierras catalanas tuvo lugar el mismo proceso. Es decir, que las comunidades islámicas establecidas allí, ¡algunas desde después de más de diez generaciones!, también debían pactar las condiciones de su permanencia sobre el teritorio, dependiendo desde entonces, de las nuevas autoridades que habrían tenido que admitir a causa de la consiguiente derrota y dominación político-militar.

Causas de la falta de bibliografía y de estudios sobre la pre-Cataluña islámica, son la carencia de investigadores preparados y el desinterés por desvelar las “nubes” que esconden en la llamada “época de formación nacional catalana”, el componente islámico, que con el paso de los siglos se convierte en extraño, ajeno, y a menudo rechazado.

“Abu Bakr, el Tortosí. La Cataluña sarraïna” es un librito de EGB, muy elemental, escrito por Roser Reynal, que es una pequeña biografía de un célebre musulmán nacido en tierras catalanas. Pues en este libro, por ejemplo, se deduce un nuevo grado de información, que junto con los artículos de Dolors Bramon y Manuel Riu, constituyen las únicas aproximaciones al mundo islámico. A pesar de que los textos son escasos, el segundo apartado del librito desglosa el estudio de la CATALUÑA SARRAÏNA en unas sub-partes interesantes:

-          La llegada de los musulmanes a la península.

-          El impacto musulmán en tierras catalanas.

-          Convivencia con los grupos étnicos.

-          Nuevas actividades en el campo (cultivos e innovaciones técnicas y de regadío).

-          Comercio.

-          Aportaciones culturales y artísticas.

Las relaciones de Cataluña con el mundo islámico fueron diversas y no se pueden definir en un solo momento ni en un solo documento. Son muchos los aspectos y muchos siglos de historia: cinco de poder político (del VIII al XIII).

En los próximos años, novedades historiográficas y algunas líneas de investigación – según parece, muy importantes – comportarán cambios notables, dado el ritmo de los descubrimientos.

A parte de algunas honrosas excepciones, se puede decir que el mundo islámico en general y sus huellas en Cataluña, son aún los “parientes pobres” de la historiografía catalana y del interés editorial en Cataluña, aunque hay indicios de un cambio lento.

Si nos fijamos en el elemento popular, escuchamos expresiones catalanas que demuestran:

-  Tanto la arabofobia, es decir – el horror y el disgusto por todo aquello que recuerde o sea concerniente al mundo islámico – tangible a dos niveles (popular y social) y en dos coordenadas cronológicas (pasado y presente);

-  Como el hecho de la presencia musulmana en nuestra tierra.

Por ejemplo, en Cataluña, la gente poco instruida llama a los edificios antiguos (sean de la época que sean) “obra de moros”. También el catalán ha forjado expresiones tan genuinas para referirse a la idea de peligro como “haver-hi moros a la costa”; “veure moros a la costa”; o “fas més por que una fragata de moros”. Estas expresiones son casi todas consecuencia de los ataques por las costas catalanas, por eso, el pueblo llama a cualquier edificación defensiva del litoral “torres de moro”, aunque sean recientes. O los restos esparcidos por tierras catalanas que no han recibido un explicación clara y parecen antiguas, son llamadas “cosas de moros”. Y esto ocurre, incluso en comarcas de Cataluña donde se ha dicho tradicionalmente que los “moros” no se quedaron mucho tiempo. La misma terminología “moro” se utiliza de modo peyorativo.

A nivel editorial e institucional se han podido publicar últimamente muchas obras con fundamentos científicos y pruebas contundentes de la gran influencia histórica y cultural de nuestro pasado islámico y de la presencia morisca – más o menos visible – en casi todo el territorio catalán. Pero proyectos detenidos desde hace años..., etc, obstaculizan y retrasan un  proceso inevitable de investigación.

En definitiva y sin extendernos más sobre las “razones” políticas, sí diremos claramente que: se impide a los historiadores y al público en general acceder a unas fuentes que supieron registrar los acontecimientos de una forma más científica que los cristianos de entonces. (Hay descubrimientos arqueológicos hechos recientemente en Lérida, donde se ha averiguado que la iglesia de S.Martín (Parroquia del Estudio General de la ciudad), fue mezquita hasta el s.XII.

Los estudiosos del tema para hacer adecuadamente sus investigaciones deben seguir básicamente tres pasos: hipótesis – verificación – corrección.

La ocupación islámica de Cataluña se hizo en diversos modos y fases. Las siguientes ciudades fueron ocupadas por capitulación, en los primeros años de conquista y en ellas se instaló el poder estatal andalusí: Barcelona (347) – Tortosa (516) – Girona (516) – Lleida (516)

Podemos citar muchos pueblos de Cataluña donde hay un arduo trabajo de investigación, en los que hay un evidente origen, restos arquitectónicos y arqueológicos e historias documentadas de su pasado histórico. Vamos a citar algunos de ellos, teniendo en cuenta que sólo son una pequeña muestra de un número incalculable por el momento y que además, están situados en cualquiera de sus comarcas, desde las montañas hasta al mar, del norte al sur, por el este y por el oeste, en el interior y el litoral. Así pues, abarcan toda la geografía catalana:

ALBAGÈS (Les Guarrigues) – ALBINYANA (Baix Penedès) – ALBIOL (Baix Camp)– ALCANAR (Montsià)– ALCOVER (Alt Camp)– ALDOVER Baix Ebre)– ALFARA Baix Ebre)– ALIÓ (Alt Camp)– ALMOSTER (Baix Camp)– BALAGUER (Noguera)– BEGUES (Baix Llobregat)– BENIFALLET (Baix ebre)– BLANCAFORT (Conca de Barberà)– BORGES BLANQUES (Les Garrigues)– BORGES DEL CAMP Baix Camp)– BRÀFIM (Alt Camp)– CALAF (Anoia)– CALAFELL (Baix Penedès)– CARME (Anoia)– CONESA (Conca de Barberà)– FORÈS (Conca de Barberà)– GELIDA (Alt Penedès)– IVARS DE NOGUERA (La Noguera)– JAFRE (Baix Empordà)– LLÍVIA (Cerdanya)– LAMASÓ (Alt Camp)– MASQUEFA (Anoia)– MEDIONA (Alt Penedès)– LA NOU (Berguedà)– OLIVELLA (Garraf)– OLVAN (Berguedà)– PRATDIP (Baix Camp)– SANT QUINTÍ DE MEDIONA (Alt Penedès)– ULLÀ (Baix Empordà)– URÚS (Cerdanya)– VALL LLOBREGA (Baix Empordà)– VALLIRANA (Baix Llobregat)– VANDELLÓS (Baix Camp)– VECIANA (Anoia)– VINAIXA (Les Garrigues)...

La lista sería interminable y está claro ya hoy el pasado morisco de los pueblos de Cataluña y no ha sido escasa su influencia, como se ha pretendido, sino todo lo contrario.