¿Qué es el Islam?


(Basado en los textos de Sayyd Husseyn Nasr)



Ser musulmán consiste en que intentemos establecer una armonía consciente entre nuestra propia vida y la Vida del Universo. Esta armonía  la establecemos hacia el interior de nuestra alma y se manifiesta en nuestras acciones individuales y colectivas en la sociedad. Esta armonía hace posible que nuestra alma viaje hacia la Luz de la Paz Divina, resumiendo y asumiendo la creación del Universo y las fuerzas que le dan la vida.

Los aspectos externos y formales del Islam son la base desde la que partimos en ese viaje interior hacia la Realidad Suprema, son las formas que nos permiten interiorizar la vida misma y cobrar conciencia de nuestra dimensión interior.

El salat (la oración islámica) es la caja de resonancia que recoge los ecos de los estados interiores vividos por el profeta Muhammad, los ecos de la conciencia suprema de la Realidad en comunión con la Fuente Misma del Ser. El sala es el resumen de nuestra vida y de la creación entera, de nuestro Origen a nuestra Meta, y une la periferia de nuestro ser con el Centro en torno al que todo gira en armonía.

El ayuno islámico no significa sólo dejar la comida, la bebida y las pasiones mientras dura la luz del día, sino que por encima de todo se trata de que comprendamos y experimentemos nuestra independencia fundamental con respecto del mundo externo, y como dependemos de la realidad espiritual que reside dentro de nosotros. El ayuno es, por lo tanto, a la vez un medio de purificarnos y una interiorización que complementa al sala.

El hayy (la peregrinación islámica) es, exteriormente, nuestro viaje hacia el templo que es símbolo de la relación esencial entre este mundo y la Realidad Trascendente, e interiormente consiste en rodear el templo del corazón, que también es sede de la Realidad Suprema. Además, la peregrinación externa es el medio y el soporte de nuestro viaje interior al Centro que está a la vez en ninguna parte y en todas partes, y que es la meta de todo camino y de todo viaje.

El zakat (la limosna mínima islámica), asimismo, no es sólo una purificación de nuestros bienes mediante el acto de caridad que ayuda al pobre, sino también entregarse uno mismo y comprender que, en virtud del Origen Divino de todas las cosas, y no por una forma cualquiera de humanitarismo sentimental, el otro o el prójimo soy yo mismo. Además de preservar el equilibrio social, es una forma de purificarnos e interiorizar, de crearnos conciencia de nuestra naturaleza interior, desligada del apego artificial a todo lo que nos externaliza y nos disipa.

Finalmente, el yihad (nuestros esfuerzos) podemos dirigirlos simplemente hacia las circunstancias materiales que nos rodean, pero también hacia la guerra interior contra todo lo que nos vela la Verdad y destruye nuestro equilibrio interior. Es el medio de abrir la senda real que conduce al centro del corazón. Sin esto, no podríamos invertir nuestras tendencias exteriorizantes y centrífugas, y tampoco podríamos conseguir las preciosas joyas contenidas en el tesoro del corazón.

Sala, ayuno, hayy, zakat-todos son medios para alcanzar la cámara interior, y son medios indispensables para practicar la vida interior del Islam.

La shahada (dar testimonio de que hay una sola Realidad, a la que nos conducen las enseñanzas del profeta Muhammad) es una consecuencia de sentir y responder a la llamada que nace en nuestros corazones invitándonos a descubrir nuestro auténtico ser para heredar las riquezas que albergamos, sin darnos cuenta de ello, en nuestro interior.

En resumen, el Islam es un modo de vida armónico que abarca todos los ámbitos de la vida. Es una práctica y una sabiduría. Es paz completa y salud integral. Paz y salud del cuerpo y del espíritu, del individuo y de la sociedad. Ésta es la finalidad de las formas y los ritos que la tradición islámica propone a la humanidad como medio para sobrevivir alcanzando y actuando de acuerdo con una conciencia global, con auténtica responsabilidad y el ánimo incansable.