SABIDURÍA SUFÍ  26 - 30
 

   
26.
De un poeta andalusí:
“Punto de intersección entre el saber y el no saber, lo cotidiano irradia una ternura capaz de dar cabida a un nombre. La convivencia pide ser nombrada, que las cosas adquieran un nombre, aunque sea meramente geográfico: ‘la mesa de la cocina’, ‘la puerta de la casa’, ‘el pasillo de la entrada’, ‘el camino recto’, ‘la ventana del cuarto'... Del mismo modo, cuando lo Absoluto se hace cotidiano desprende una ternura que pide ser nombrada.”

27. En el Evangelio de Juan se lee: “No puede entrar en el Malakût quien no haya nacido por segunda vez.”

28. El estado de completo aniquilamiento en Al-lâh (fanâ fi-l-lâh) condujo a al-Hallay a pronunciar la frase “Anâ al-Haqq” (Yo soy la Realidad), causa mística de su martirio (aunque otros dicen que fue muerto por acusar a los abbasíes de practicar la usura). Según ibn Arabî, al-Hallay confundió su estado con la total absorción del hombre en la divinidad, cuando en verdad esa absorción no llega realizarse nunca, pues Al-lâh nos restituye constantemente a nosotros mismos para que podamos seguir recibiendo a Su mirada. Eso es lo que se llama baqâ, o permanencia en Al-lâh tras la aniquilación, que es la máxima unión en la separación. Según ibn Arabî, la expresión correcta de este estado es: “Anâ sirr al-Haqq” (Yo soy el secreto de Al-lâh).

29. Palabras de Abû Yazîd Bastâmî:
Contemplaba a mi Señor con el ojo de la certidumbre después de que Él me hubiera alejado de todo lo que es otro que Él e iluminado con su Luz. Me hizo conocer entonces las maravillas de Su secreto, revelándome su Sí. Contemplaba mi yo por su propio Sí. Mi luz palidecía bajo su Luz, mi fuerza se desvanecía bajo su fuerza. Así veía mi yo a través de su Sí. La grandeza que yo me atribuía era en realidad su grandeza; mi progresión era su progresión. Desde ese momento, lo contemplaba con el ojo del Verdadero (‘ayn al-Haqq) y le dije: ‘¿Quién es?’ Me respondió: ‘Ni yo ni otro que yo’... cuando por fin contemplé al Verdadero por el Verdadero, viví el Verdadero por el Verdadero y subsistí (baqâ) en el Verdadero por el Verdadero en un presente eterno, sin respiración, sin palabra, sin oído, sin ciencia, hasta que Al-lâh me hubo comunicado una ciencia brotada de su ciencia, un lenguaje nacido de su gracia (ni’ama), una mirada modelada sobre su Luz.

30. Shihâboddîn Yahyâ Sohravardî, el Shayj al-Ishrâq, decía: “debes interpretar el Corán como si hubiese sido revelado para ti.” 

 

 

 

 

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