Las Jutbas de los Andalusíes

Octava Jutba


"Al-jairu fima jtárahullah", lo bueno, lo mejor, está en lo que Allah elige. Según un hadiz qudsí, Allah dice: "El ser humano quiere una cosa, y Yo quiero otra: al final es lo que Yo quiero que sea". Hacemos planes, escogemos entre dos o varias posibilidades, pero no siempre resulta que sucede lo que nosotros preveíamos; y no es que las cosas sean contrarias a nuestra voluntad, no es que tengamos mala suerte ni nada se ha vuelto en contra nuestra; simplemente las cosas son como Allah quiere que sean, no como nosotros queremos que sean. Esto es lo que piensa el musulmán, que además ve que "al-jairu fima jtárahullah", que lo bueno, lo mejor, el bien del hombre, está en lo que Allah escoge. Quiere decir esto que, quién sabe, tal vez aquello que planeaba, aquello en lo que depositaba su confianza y preveía que era lo mejor para él, que tal vez encerraba un perjuicio o un mal con el que no contaba, y que afortunadamente, Allah lo ha librado de él. "Al-jairu fima jtárahullah": pensar esto no es paralizante, no hace del musulmán un hombre fatalista entregado pasivamente a los designios del destino; muy al contrario, lo relanza, lo refuerza. Lo que es estúpido, lo que no tiene ningún sentido, es el pataleo inútil, el pesimismo, la decepción, el stress y la depresión del hombre moderno cuando sus predicciones no se cumplen: es esa actitud káfir la que paraliza, la que hunde al ser humano en los avismos de la desesperación, en las tinieblas del "si hubiera sido como yo había planeado", frase de la que Rasulullah (s.a.s.) dijo que era una de las puertas del Nar. Y efectivamente, nada hay más abrasador y estúpido que el desconsuelo, la queja eterna y los golpes en el pecho. Para el musulmán, "al-jairu fima jtárahullah", lo mejor está en lo que Allah ha elegido, incluso cuando ello es contrario a nuestra visión de las cosas, incluso cuando es contrario a lo que entendemos que es lo mejor y lo bueno, porque evidentemente no podemos calcularlo todo, no podemos prevenirlo todo. El musulmán está obligado por el Islam a planear, a hacer proyectos, a pensar en un futuro, a no dejarlo todo en manos del destino; lo que no debe hacer es desesperarse cuando las cosas no son tal como él hubiese deseado. Es esto una invitación a la sensatez  a la cordura, una reflexión en el Tawhid y un signo de Islam verdadero. Es el Káfir el que se lamenta de la vida,  no el musulmán, no el Muwahhid, el unitario. El Káfir contínuamente se lamenta porque su perspecctiva es muy reducida, porque sólo él y su inteligencia son los centros de su mundo estrecho y mísero, porque no sabe nada de Allah y de la Unidad que lo rige todo, lo gobierna todo, armonizándolo y equilibrándolo todo, dándole sentido a todo. Para el Káfir, todo está reducido a su visión limitada de las cosas, cree que lo abarca todo, y cuando su confianza es quebrantada por la fuerza de Allah, entonces se sume en la desesperación y el lamento, ya no entiende nada, no sabe nada, su visión del mundo lo ha defraudado y es como si fuera el centro de una extraña conspiración en la que todo se ha confabulado cotra él, y revienta por sus cuatro costados: así es el Nar en el que se consume el Káfir. El muwahhid está a salvo de ese Fuego; al remitirlo todo a Allah, al confiarse a Allah, se libra de esa tensión inútil y falsa, y está más preparado para vivir y disfrutar cada cosa de su vida, porque lo ve venir todo de Allah y Allah es su Señor que sólo quiere su bien, que si lo templa o le hace pasar la amargura de una prueba es porque de ella el hombre saldrá con algo que es mejor y más bueno para él, porque en cualquier caso "al-jáiru fima jtárahullah".

Ciertamente, en el Islam hay muchos remedios para muchos males, hay mucha agua fresca para los fuegos que abrasan al ser humano. Ojalá pudiéramos aprovechar todos esos talismanes, o al menos una gran cantidad de ellos. El Islam es una invitación a la paz, a una paz que es el Yanna, el Jardín. Es una invitación para un saludable reencuentro con Allah y con nuestra Fitra, con nuestra verdadera naturaleza. Y es una huída de todo lo que perjudica, de todo lo que hace inviable la vida. El Islam es confianza en Allah, es Imán; es saber que las cosas no están en contra nuestra; si Allah estuviera en contra nuestra, ni tan siquiera existiríamos. De esta certeza parte el musulmán: esta es su clarividencia. A partir de este primer paso, lo que hace es mejorar siempre, lo que hace es ir afilando su percepción de la realidad y avanzar hacia el sentido último, hacia Allah, Señor de los Mundos.

Ciertamente, en el Islam hay muchas cosas sabias. Ojalá las aprendamos porque nos harán sabios y fuertes. Y aunque seamos débiles, ojalá destellen en nosotros, al menos de vez en cuando, para inspirarnos y hacernos más llevadera la vida. Es al Káfir al que le están negadas estas cosas porque no ve más allá de sí mismo, pero de un musulmán se espera que sea capaz de eliminar algunos velos y hacer más profunda su visión, su entendimiento y su ambición, viviendo en calma y paz consigo mismo y con Allah-Uno, y que su guerra sea contra el Kufr y la desesperación.