Las Jutbas de los Andalusíes

Séptima Jutba


Al-hamdu lillah que ha depositado en cada ser humano una luz. Con esa luz el hombre se convierte en califa, en ser soberano que aspira a lo absoluto; Al-hamdu lillah que ha mostrado a las criaturas un sendero recto: el que sigue ese sendero no es defraudado por la sucesión de los contrarios y alcanza la síntesis de la vida. Ashahadu an la ilaha illa Allah wahdahu la sharida lah, Él es Uno y su Unidad es un desafío a la inteligencia, wa ashhadu anna Muhammadan 'abduhi wa rasuluh, Muhammad (s.a.s.) es el puente extendido entre Allah y el hombre, quien cruza sobre él  atraviesa sin temor sobre el alborotado océano de la existencia.

Amma b'ad:

Allah (s.t.) ha creado al hombre, Él es el origen que no está precedido de tiempo, Él es el Primero, como es el Último, tras el cual no hay tiempo, y es destino de esa criatura, del hombre; es su principio y su meta, su origen y su muerte; y sólo existe Allah por encima de todos los conceptos, por encima de todos los entendimientos, por encima de todas las imágenes, más allá de toda definición. Allah está absolutamente fuera de nuestras capacidades: Él es el Absoluto, la eternidad, el no-espacio, el no-tiempo, el infinito inabarcable e impensable, el que es previo a todo, anterior a todo, creador de nuestras ideas, de nuestros pensamientos, de nuestro lenguaje, ¿cómo podríamos pretender comprender esa inmensidad en la que nada de lo que tenemos nos vale para hacer pie en una Majestad que no tiene orillas?. Él nos ha creado, nos ha hecho, ha configurado lo que somos por dentro y lo que somos por fuera. De Él nos alimentamos, Él nos provee, Él nos sostiene, y ninguna otra cosa nos alimenta, ni ninguna otra cosa nos sustenta, ni otra cosa ajena a Él nos da consistencia. Él es la realidad verdadera, el soporte real de cuanto existe; Él es al-Haqq, la Verdad que no puede ser abarcada. Él nos ha creado, nos sostiene, y hacia Él nos dirigimos porque sólo Él es. En él y por Él suceden los acontecimientos y en Él todo se diluye; en su existencia existimos; en su vida vivimos; nada hay fuera de Él. Shayj Side Ahmad al-'Alawi dice " Somos como una cebolla, si pretendes llegar a tu centro, tendrás que empezar a eliminar cortezas, y corteza tras corteza llegar a la nada, porque tú no estás en el fondo, en el fondo está sólo Allah". Si vas eliminando tus mentiras, si vas quitando tus ficciones, si dejas atrás lo que crees ser, al final no hay nada, sólo -como dice el Corán- encuentra a Allah. Todas nuestras imaginaciones son espejismos, todos nuestros proyectos, todos nuestros miedos, todas nuestras esperanzas, todas nuestras ilusiones, nuestras seguridades y nuestras inseguridades, nuestras creencias y nuestras supersticiones, nuestros pensamientos y nuestras mentiras, todo son fantasmas; cuando llegamos a las profundidades de nuestras quimeras, encontramos que no son nada, que son velos que nos impedían contemplar esa inmensidad de la existencia que queríamos acotar, esa inmensidad que es Allah-Uno. Shayj Sidi Ahmad al-'Alawi decía: "Eres nada en la nada, 'adam fil-'adam, crees ser en el ser, pero ni eres ni es lo que crees que es, sólo existe Allah, y en Allah no pues hacer pie, sólo sumergirte en sus aguas profundas, sin esperanzas de encontrar orillas ni fondo: tendrás que aprender a nadar o te ahogarás en esa locura". El Shayj cuenta: "cuando piensas en lo infinito de Allah, cuando recorres ese espacio libre con tu pensamiento, pronto eres sobrecogido por la perplejidad más absoluta: con tus pobres recursos intelectuales quieres sondear lo insondable, penetrar lo impenetrable, y descubres un tiempo que no tiene ni inicio ni final, y no lo entiendes, un espacio que no tiene dentro ni fuera, y no lo comprendes, y entonces Allah te dice: ¿cómo quieres abarcar lo inabarcable con tus límites?, éste es el momento de la vida,  no de la muerte entre muros. Lánzate sin temores a la visión de Allah, que no te sobrecoja su inmensidad". En un poema del Shayj dice: "tú, que está alterado por el miedo, acércate que vas a ver a Allah. ¿cómo puedes tener miedo ante el Insondable, cuando Él es el que te ha creado, el que te mantiene en cada instante? Lánzate sin miedos al Islam, deja atrás tus ídolos y tus mentiras, tus precauciones y tus reparos; te está invitando tu secreto a tu secreto, tu enigma quiere revelársete para que lo comprendas todo, pero tú te echas atrás, buscas refugio en lo que no tiene entidad alguna. Lánzate a Allah sin miedos, con la certeza de que Él  no te desea mal alguno ¿qué mal podría desearte el que no deja de atenderte un solo instante?. Si Allah dejara de soportarte, te aniquilarías de inmediato en la nada de la que te ha sacado. Abandónate a Allah, sumérgete con todas tus fuerzas en la mención de su Nombre: su Nombre tiene cualidades mágicas, es un hechizo  con el que quedan encantadas las serpientes de tu nafs, tu ego queda muerto en el sonido del nombre de Allah, y Allah abre tu ojo y te deja asomarte a su espacio sin límites y sin tiempo. Entrégate a su nombre sin miedo, vibra con su sonido para que realice en ti su exorcismo".

Confiar absolutamente en Allah, eso es el Islam: entregársele en cuerpo y alma, eso es lo que es el Imán.

¿Quién podría desconfiar de quien lo ha creado, de quien lo ha posibilitado, de quien lo mantiene en cada instante? Sólo desconfiaría el que ni ve ni entiende nada, el que está aislado en su realidad miserable que no le permite comprender nada. El Islam es una invitación a salir de esa miseria, una invitación a asomarse a lo infinito y lo eterno,  sin miedos, sin prevenciones, sin reparos: te concede sus favores que son la vida y la existencia, ¿te los da con reparos y con prevenciones?, ¿qué daño va a hacerte Allah?, pero prefieres confiar en tus mentiras, en tus fantasmas en tus ilusiones, y se te escapa lo mejor. Si pudieras intuir a Allah, te desharía en un sentimiento amoroso incontenible: así es como el múmin responde a la llamada de Allah que le sube desde el corazón, responde con sentimiento absoluto, sentimiento que es prueba de que su corazón está vivo y late. El múmin se vuelve inmediatamente hacia Allah, se abandona en Él sin prevenciones ni reparos, ¿cómo podría tenerlos cuando sabe que todo su ser pertenece a Allah?. Ha descubierto  que Allah lo llama, desea abrir su corazón para depositar en él bondades mayores, obsequios infinitos, ¿cómo podría volverse a Él con suspicacias?. Al contrario, el múmin se desborda a sí mismo, se precipita hacia Allah, con corazón presente y lengua que no deja de recordar el nombre del que lo ha creado, de su fuente única de la que todo mana, de la que brota toda vida, sin interrupción.

El Islam consiste en sumergirse en el recuerdo de Allah, para que esta inmersión sea efectiva, pone a disposición del hombre la 'Ibadas, que son actos con los que destruye los ídolos y las mentiras, lo desnuda de todo para que el recuerdo de Allah lo pueda llenar todo. Si deseáis conocer a Allah, si deseáis ser gigantes de la existencia no escatiméis vuestros esfuerzos en conocer el Islam: es la vía más clara, la que no confunde, la que no desperdicia vuestras capacidades, sino que las enfoca única y exclusivamente hacia Allah, porque esa es la única meta verdadera, el único destino posible. El Islam no molesta vuestras inteligencias con creencias inútiles, ni cansa vuestro cuerpo con ejercicios rigurosos: todo en el Islam está perfectamente medido para servir a ese fin único. Os guía paso a paso, es una senda, un método, una puerta hacia Allah. Si desviáis vuestra atención, os desviaréis; si os confundís no alcanzaréis aquello para lo que habéis sido creados.