Las Jutbas de los Andalusíes

Quinta Jutba


Al-hamdu lillah que es Uno y no tiene par, que es Grande y nada lo contiene, infinito en lo infinito, eterno en lo eterno, sin espacio ni tiempo. El pensamiento se quiebra cuando se intenta abordar la inmensidad de Allah, Señor de los Mundos, soporte unitario de la existencia entera, constantemente presente, ininterrumpidamente existente, y su ausencia es impensable. Allah es la razón escondida y la Verdad manifiesta, no hay otra Verdad, no hay más realidad que El,  la illaha illa'llah,  Allah sólo.  sólo El, nada le asociamos, nada imaginamos junto a El, y a nada nos rendimos que no sea El, Allah Señor Uno y Unico, Dueño del Universo , Creador, Mantenedor y destino de todo lo que es, impensable, inimaginable, insondable, inabarcable, El está más allá de todos los pensamientos, ideas, imágenes, conceptos y representaciones, indefinible, inexpresable, la lengua y la inteligencia se paralizan absolutamente mudas ante El, creador de la lengua y de la inteligencia, inalcanzable al entendimiento, inaprehensible por los sentidos, Eterno, Grande, Vivo, Subsistente, el verdadero significado de sus Nombres solo tiene sentido en El, en su inmensidad sin límite.  Y Muhammad (s.a.s.) es su mensajero, el transmisor de sus verdades, el portaestandarte de Allah; él (s.a.s.) es el punto en el Universo en el que Allah y el ser humano se han encontrado, él (s.a.s.) es puente, y Sendero Recto, vía hacia Allah y ciudad del saber.  Sállallahu 'alaihi wa 'ala álihi wa sáhbihi wa sállama taslíma.

Amma ba'd, as-salámu 'aláikum wa rahmatullahi ta'la wa barakatuhu.

El corazón del ser humano es semejante a una fortaleza en la que está guardado el trono del Rey soberano; y ese trono es su tesoro más preciado, el Corán dice:  "wasi'a kursiyyuhu s-samawati wal-ard" su trono abarca los cielos y la tierra.  Shaytán, Allah lo maldiga, representa el enemigo codicioso que quiere arrebatar al ser humano esa riqueza, despojarlo de su adorno más valioso.  Sólo puede ser protegida la fortaleza vigilando atentamente sus puertas, colocando en ellas poderosos guerreros capaces de hacer retroceder al enemigo.  Shaytán envía a sus secuaces, a los que el Corán llama "wasawis", susurros que, como espías, quieren colarse por los resquicios abiertos, las grietas de las murallas y las ventanas de las torres.  Proteger y guardar el Corazón  es considerado obligatorio, un "fardu 'ain", un deber de cada musulmán y de cada musulmana, y no se puede defender la fortaleza si se desconoce su plano, los lugares débiles y las puertas por las que pueden asaltarnos Shaytán con sus ejércitos.

             Entre los accesos más grandes se cuenta a la ira y el apetito: la ira, el "ghádab", es la gran debilidad de la inteligencia; cuando la ira se abandona a su libre albedrío, el entendimiento humano disminuye, empequeñece, y es la gran ocasión de Shaytán  que aprovecha ese resquicio para apoderarse del hombre.  Cuando el ser humano se irrita, Shaytán puede jugar con él, manejarlo como un niño pequeño puede hacerlo con una pelota.  Se ha contado la siguiente historia: en cierta ocasión, Iblis, que es Shaytán la'anahullah, fue  al encuentro de Sidna Musa ('a.s.) y le dijo:  Y a Musa, a ti te ha elegido Allah, te ha hecho su confidente, y yo no soy más que una de sus criaturas; cometí  una torpeza que me ha alejado de la Rahma de Allah y quiero regresar junto a El, te suplico que intercedas por mí junto a tu Señor, para que El se vuelva hacia mí y me acepte.  Sidna Musa ('a.s.) aceptó, y cuando subió a la montaña, tuvo sus confidencias con Allah, y cuando quiso bajar de nuevo al mundo, Allah le dijo: "Has olvidado algo que te ha sido encomendado!.  Y Sidna Musa ('a.s) respondió: "Ya Rabb, tu esclavo Iblis quiere que vuelvas a aceptarlo", y Allah reveló al corazón de Sidna Musa lo siguiente: "Ya Musa, dile a Iblis que se dirija ahí donde está la tumba de Adam y se postre ante ella, y Yo lo recogeré de nuevo ante mí".  Cuando Sidna Musa ('a.s.) comunicó estas palabras a Iblis, Iblis se encolerizó y dijo: "Me negué a postrarme ante él en vida y no voy a postrarme ahora ante él muerto".  Pero añadió: "Ya Musa, has intercedido por mí junto a Allah por lo que te devuelvo tu acto advirtiéndote contra tres cosas: acuérdate de mí cuanto te encolerices, pues cuando la ira se apodere de ti es que he entrado en tu corazón, yo soy entonces tu vida, veo por tus ojos y corro por tus venas;  acuérdate de mí cuando te enojes, porque entonces soy  yo quien resopla por tu nariz, y no sabes entonces lo que haces porque soy yo el que actúa en ti; acuérdate de mí cuando estés en peligro, acuérdate de mí cuando te acobardes ante  algo, porque soy yo el que está entonces y te prevengo contra la  muerte echándote hacia atrás cuando deberías avanzar, te recuerdo entonces a tu esposa, a tus hijos, a tus bienes, a tu hogar, y te echo para atrás y hago de ti un cobarde; y te prevengo contra otra cosa, no te quedes a solas con una mujer que te sea haram, pues entonces yo me convierto en intercesor entre vosotros y os hago perder el pudor".

            Otra de las grandes puertas es la envidia y la codicia; ambas ciegan, no permiten al corazón ver con clarividencia, y lo ensordecen, no le dejan oír los consejos sabios.  Se ha dicho: "El amor desmedido por algo, ciega y ensordece", y se ha dicho que estas palabras son un hadiz.  En el corazón hay una luz con la que se puede ver la realidad de las cosas, su verdadero valor, pero la envidia y la codicia la ennegrecen, y es entonces cuando shaitán aprovecha y llena al ser humano de confusiones, convierte en ídolos para él las cosas que envidia y codicia, y esos ídolos ya no le dejan ver a Allah, y no le dejan distinguir con claridad y se hace vil, se humilla sin darse cuenta, cae del alto rango al que Allah lo ha alzado dándole inteligencia  y sabiduría.

Se cuenta que cuando Sidna Nuh ('a.s.) subió al arca en la que había depositado una pareja de cada clase de animales, se encontró que había un anciano al que desconocía.  Cuando le preguntó que por qué había entrado, el anciano le dijo: "He entrado para apoderarme de los corazones de tus compañeros de viaje, para que sus corazones estén conmigo mientras sus cuerpos están contigo".  Sidna Nuh ('a.s.)  le gritó diciéndole: "Sal de aquí, tú estás maldito".  Y entonces Iblis le dijo: "Hay cinco cosas con las que destruyo a la gente, te hablaré de tres de ellas y me callaré las otras dos".  Allah le dijo a Sidna Nuh: "Dile que te hable de las dos cosas sobre las que quiere callar, porque las otras tres no tienen importancia".  Así lo ordenó Sidna Nuh ('a.s.) a Shaytán, que dijo: "Son dos vicios que son mis mejores armas, cuando me apodero con ellos del hombre, el hombre ya no puede resistírseme y hago con él lo que quiero: la primera es la envidia y a causa de la envidia yo mismo fui maldito, y la otra es la codicia, y por la codicia el hombre fue expulsado del Jardín:  se le ofreció para su disfrute el jardín entero, salvo un árbol, y Adam deseó ese árbol, y por ello fue expulsado".