Las Jutbas de los Andalusíes

Jutba veintisiete


Al-hamdu lillah que es Uno, la ilaha illa Huwa, nada existe que no sea sostenido por Allah, Qayyúmu s-samawáti wal-ard, el Subsistente. Suyos son los Nombres más Hermosos, los que designan su absoluta trascendencia y sumergen al hombre en el océano sin orillas de su Grandeza. La ilaha illa Allah que es Uno, no tiene par, ni socio, nada comparte con El su Unidad, el Fuerte, Aquél cuyo poder no descuida un átomo en la existencia, el Sabio, Aquél a cuyo saber no pasa desapercibido el ser más insignificante en el Universo. Hizo surgir entre los seres humanos un mediador, Sidna Muhammas Rasulullah (s.a.s.), el Noble, el Sincero; transmitió a los hombres las palabras de Allah, comunicó a las gentes la llamada de su Señor para que el que oiga responda. Salla Allahu áláihi wa´ala álihi wa Sabih wa sállama taslima.

Amma ba´d, as-salámu ´aláikum wa rahmatulahi ta´ala wa barakátuh.

El Islam es un llamamiento, una invitación hecha por Allah y lanzada al hombre. El Islam es Dá´wa de Allah, es una Palabra dicha por Allah para que el ser humano la oiga y responda; para que, al haberla oído, se alce, trascienda, atraviese la creación y se dirija a quien lo ha creado a partir de la nada. Allah se ha dirigido a nosotros y a cada uno de nosotros; habla con nuestro entendimiento, apela a nuestra inteligencia, a nuestro corazón, a lo más íntimo que hay en nosotros, pero también habla con nuestro nafs, con nuestros sentidos, habla a nuestro cuerpo, habla a nuestro amor, a nuestra ira, a nuestra arrogancia, a nuestra bondad. No hay pliegue de nuestro ser al que Allah no dirija su Palabra. Dice el Corán al-karim que las Palabras de Allah son infinitas: “Si quisieras anotar las palabras de Allah y te sirvieras de lo océanos como tinta, se agotarían los océanos antes de que pudieras recoger todas las palabras de Allah”.  Subhana Allah, Allah no tiene límite, y en cada una de sus verdades es absolutamente Inabarcable.

Allah dijo “Kun” y surgió el Universo a partir de las tinieblas de la irrealidad. El sonido de Allah, ciertamente, es poderoso. Dijo “Kun” y apareció Káun, el Universo. Y desde entonces, las Palabras de Allah no han dejado de sostener cada realidad.

El Islam nos invita a Allah, es Da´wa. Ser musulmán significa oír esa llamada y responder a ella, y salir de la nada del kufr a la existencia del Imán.

Allah, en su Palabra, en su Da´wa, nos recuerda nuestra verdad, insiste en nuestro ser. Nos enseña que El es el Autosuficiente, el Rico, y que nosotros lo necesitamos, Allah es el sustento de todo lo que existe, y todo lo que existe lo necesita para poder hacer pie en la existencia. No hay realidades independientes, nada puede vivir sin Allah. Esta es la conciencia del múmin. Lo que sí hay es ficción de independencia, ésa es la quimera del káfir, el dominio del Nafs. El musulmán es aquél que responde al Da´wa de Allah, se vuelve hacia su Señor, que es su imperativo interno, y en El se satisface y se realiza.

El musulmán sabe que necesita de Allah, que no tiene un solo instante en el que no sea la Realidad de Allah la que lo mantiene: sin ese substrato tascendental no hay realidad para el ser. Entonces, el musulmán se vuelve hacia Allah y también él pronuncia sus palabras. Invita a Allah, hace su propio Da´wa, su Du´a. Llamar a Allah, eso el Du´á. Es así como se establece el diálogo entre el Creador y la criatura. El Da´wa de Allah hizo salir a la criatura de la no-existencia de la nada; el Du´á de la criatura extrae del todo de Allah lo que necesita para existir y culminar su existencia.

Rasulullah (s.a.s.) dijo: Ad-du´á mujju l-´ibada, el du´á es el cerebro de la ´Ibada. Es su parte central, su espíritu. Gracias al du´á la ´Ibada no es una simple rutina, un mecanismo que se activa y se pone en movimiento. El du´á le da vida a la ´Ibada. La hace consciente de sí mismo, pues no hay mayor conciencia que la palabra. Por ejemplo, el mayor momento del Salat, el Suyud, es el instante más propicio para el du´á: cuando el hombre desaparece en Allah es cuando puede hablar. Ni durante el Qiyam, ni durante el Rukú´, ni durante el Yulus, puede decir sus palabras, es sólo cuando se ha perdido en su Señor, cuando alza su voz hacia quien lo ha creado. Podría pensarse que debiera ser ése un momento para el absoluto silencio, para la concentración más exquisita en el repliegue en Allah. Pero el Islam nos enseña lo contrario: ése es el instante de la respuesta.

Percibimos a Allah en cada instante, y a esa percepción, cuando nos damos cuenta de ella, le respondemos con palabras que son elogios hacia Allah: al-hamdu lillah, ma shá Allah, Subhana Allah.... Pero nos damos cuenta de nuestro propio ser, de nuestra realidad, cuando nos situamos en la condición de nuestra ´ubudía, entonces hacemos Du´á. El Du´á supone dos cosas, dos reconocimientos: es saberse a sí mismo y saber a Allah, es ver al ´abd y al Rabb: el ´abd necesita del Rabb y el Rabb satisface al ´abd. Allah llamó al ser humano y éste existió, ahora es el ser humano el que llama a Allah.

Un beduino preguntó a Rasulullah (s.a.s.) cómo era posible hablar con Allah siendo Allah como es absolutamente inconcebible, absolutamente remoto e impensable, absolutamente aislado en su unidad a la que nada ni nadie tiene acceso. Tenía razón el beduino: Allah está eternamente lejos del hombre, su distancia ni tan siquiera es medible, su trascendencia es tal que ahoga todo intento de comprensión en la perplejidad más desesperante. Pero no fue Rasulullah (s.a.s.) el que respondió al beduino, fue el Corán el que respondió diciendo: “Di a los hombres que estoy cerca; que me invoquen, Yo les responderé”. Allah está cerca, Allah es Qaríb, inmediato. En otro lado el Corán dice de Allah que está más cerca de ti que tu vena yugular. Es decir, está más cerca de ti que tú de ti mismo. Y es así que bajo el aspecto de su realidad absoluta, Allah es inabordable; pero su otra faz, su Presencia sostenedora, es absolutamente contigua al hombre. Esa Presencia de Allah en ti, alentándote, es a lo que llamamos tu Señor, tu Rabb. Tu Rabb es el oído de Allah en ti, del mismo modo que es su imperio en ti. Con el du´á te vuelves hacia Allah, hacia tu Rabb, y responde a tu Señor. El ha sido el primero en dirigirte la palabra; la cortesía te impone el deber de responder. El te ordena y tú le pides, El es el Rey en ti y tú eres el que lo necesita.

Pero fijáos bien lo que sucede en el du´á, durante el du´á el hombre dice: Allá-humma ighfir li, discúlpame, o dice: irhamni, ten compasión de mí, o dice: urçuqni, enriquéceme, o dice: shafini, sáname, o dice: a´tini l-Yanna, dame tu Jardín, o dice: unsurni, dame la victoria y socórreme, todos ellos son imperativos. Ahí no se termina la cosa; según un hadiz qudsí, cuando en la sinceridad un ser humano se dirige a su Señor, Allah le responde: labbáik, ¡a tu disposición! Hay hermosísimos hadices qudsíes que relatan metafóricamente estas conversaciones íntimas entre el ´abd y el Rabb. ´Abd y Rabb se complementan, se hablan con un lenguaje creador. Allah quiere darse y el hombre quiere realizarse. Allah desea colmar y el hombre recibe esa sobreabundancia de su Creador. De ahí que digamos que Allah detesta al que no se vuelve hacia El con un du´á sincero, a ése se le llama káfir y yáhil, ignorante, es, como lo dice el Corán al´karim, “el que rompe lo que Allah ha ordenado mantener unido”. El du´á es un nexo, un lazo que comunica al hombre y a su Señor, convirtiéndose la existencia en un diálogo.

Volverse hacia Allah es hablarle, responder a sus palabras, interrogarle, solicitar de El. Es saber que Allah es el eternamente Lejano y el inmediatamente próximo, no hay más verdad que El, la ilaha illa Allah.

El du´á exige Adab, exige cortesía. Sin Adab no se accede a la Presencia de Allah. Adab significa reconocimiento, es un saber profundo con el que se conoce el grado de cada cosa. Y Adab es acción en esa ciencia: cuando conocer tu rango y el rango de Allah, entonces puedes caminar con certeza y llegar a tu objeto. Dicen los maestros de la espiritualidad musulmana que hacer du´á es sentarse sobre la alfombra de la cortesía, el bisát al-ádab. Si no hay Adab, durante el du´á se está hablando sólo.

El du´á puede hacerse cuando se quiera, en la lengua que se quiera. Pero los du´ás en árabe de Rasulullah (s.a.s.) son especialmente sabios, en ellos se conjuga todo. Utilizar sus palabras es Sunna. También es Sunna aprovechar los momentos en que Rasulullah (s.a.s.) hacía du´á. No son momentos al azar, sino instantes en los que todo converge propiciando el encuentro y el diálogo entre Allah y el hombre. Nos referimos a la noche, en especial la puesta de sol y la aurora. De los días de la semana, el día más propicio es el viernes, en especial entre las dos jutbas del Yumu´a. Son propicios el final del Adán y del Salat, etc. Son muchas las ocasiones para el du´á, para establecer una Sunna que tiene valores más allá de la que podamos señalar en breve resumen en esta jutba. Resume todos sus beneficios el hadiz de Rasulullah (s.a.s.) en el que dice: “Ad-du´á mújju l-´ibáda”