Las Jutbas de los Andalusíes

Jutba veintidos


El lslam ha sido definido como “camino”, como “vía”. El musulmán siempre está en movimiento: va de lo malo a lo bueno, de lo bajo a lo elevado, de ¡a pobreza a la riqueza, de la ignorancia a la sabiduría. Esa es su peregrinación, ese es su cumplimiento con el Islam. Es por ello por lo que el Corán no deja de insistir en la necesidad de actuar, de ponerse en marcha. El estancamiento, la pereza, son dos polos opuestos al Islam. Y no hay otras alternativas: o estás avanzando o estás parado.

¿Qué es lo que nos pone en movimiento?. Nos mueve lo que nos inquieta, y nos mueve también la ambición. El Corán nos amenaza con el Fuego y nos estimule con la promesa de un Jardín, y así es como no deja nada que pueda motivar que no iniciemos nuestro viaje, para que no nos quedemos quietos y muramos. El temor al Fuego y la esperanza por alcanzar una recompensa descrita con las más bellas palabras son los acicates que sirven para empezar a dar los primeros pasos.

Temor y esperanza son los motores que mueven al hombre. Siempre estamos huyendo de algo y dirigiéndonos hacia algo. Quien carezca de Ellos, quien no tenga temor y esperanza, es porque está muerto y no existe en realidad. Temor y esperanza son las dos caras de nuestra moneda. Temor al Fuego y esperanza del Jardín: esas son las formas que adoptan en el Corán los sentimientos más genuinamente humanos, los síntomas más claros de vitalidad. Esas son sus metáforas. Por ello decimos en nuestro du’á que Allah nos aparte del Fuego y nos permita entrar en el Jardín. Porque esos son nuestros deseos en todo momento, porque así late nuestro corazón: se encoge y se expansione.

El Corán al-Karim nos invita a la acción. Nos invita a mejorar nuestras vidas, a que seamos valientes en lo que queramos, a que no nos dejemos arrastrar por el sopor, a que no nos durmamos, a que dejemos atrás lo que no sirve y vayamos en pos de lo que nos sea útil, es decir, nos invita una y otra vez a que no traicionemos la vida que llevamos entre nuestros costados.

Y del mismo modo en que cada día luchamos para mantenernos vivos, huyendo de lo que amenaza nuestro bienestar y esforzándonos por elevarlo, por disfrutar más y mejor de nuestro tiempo, con el mismo afán debemos proyectar también nuestra acción hacia Allah, nuestra acción como musulmanes. Como musulmanes tampoco podemos estar quietos muriéndonos. Al contrario. lo mismo que construimos jardines para nosotros en este mundo, debemos construir palacios para nosotros junto a Allah.

La acción del musulmán no tiene límite. Su acción no conoce el espacio ni el tiempo.. El temor y la esperanza del musulmán son inmensos, y por ello decimos que su vida es inmensa. Temor de Allah y esperanza en Allah, esos son sus poderosos motores que generan en él un movimiento que transgrede todas las consideraciones a las que quisiéramos someterlo.

¿Cuál es la mete del musulmán que está más allá del espacio y del tiempo? ¿Cuál es su mete inimaginable?. A esa mete la llamaremos al-Ajira, la Otra, la Última... Y la llamaremos con este nombre, como hace el Corán, porque nada la define. El Corán al-Karím sólo nos ofrece imágenes y deja el resto a nuestra intuición y a nuestros avances por el Islam. Al-Ájira se va haciendo cada vez más grande conforme el musulmán se adentre por la sabiduría del Islam. Cada paso que da en la dirección de al-Ájira, ésta se vuelve más inabarcable. A cada momento, el Fuego se hace más terrible y el Jardín es más agradable.

El Corán nos dice: “man aráda l-ájírata wa sa’á Iahá sá’yahá wa húwa müminun fa-uláika kána sá’yuhum mashkúra”, “quien desee conseguir al-Ájira, 1 de’ los pasos que es necesario dar, y esté abierto a Allah,... ésos son aquellos cuyos esfuerzos serán agradecidos. Si nos fijamos bien en estas palabras nos resultarán reveladoras. El Corán al-Karím nos dice: “man aráda l-ájira”, quien quiera al-Ájira, quien desee llegar a ella. El Corán está ofreciendo algo a nuestra voluntad, nos está insinuando algo, nos lo ofrece para estimular nuestra ambición, está hablando a nuestra humanidad, a nuestras necesidades; “wa sa’á lahá sá’yahá”, "dé hacia ella los pasos necesarios", es decir, se esfuerce por alcanzar aquello que está deseando, si actúa como debe hacerse, “wa húwa múminun”, y es un mumin, si espera de Allah, “fa-uláika kána sá’yuhum mashkúra”, esos son aquellos cuyos esfuerzos son agradecidos, es decir, Allah los satisface y les proporciona lo que ansían y calma sus temores. En esta Aya, Allah nos dice que Él es agradecido. Nuestras acciones no le sirven de nada, pero El ve lo que hay en los corazones, conoce las intenciones, y eso es lo que Allah valora; por ello, Él hace que nuestras acciones, que son vacías en el fondo, nos conduzcan a Él, a al-Ajira.

El temor del musulmán es infinito, y su esperanza es también infinita. Eso quiere decir que su vida es infinita, que para él no hay barreras, temor infinito a Allah, eso es lo que lo aparta del Fuego; esperanza infinita en Allah, eso es lo que le hace entrar en el Jardín.

El musulmán sabe, por lo tanto, que es él el que construye su Fuego y su Jardín, aquí y junto a Allah. Su grandeza, la inmensidad del musulmán, no le dejan olvidar al-Ájira. Al contrario, su amplitud ¡e hace ver el Fuego y el Jardín de Allah. Y por ello, los riega con el sudor de su frente: sabe los pasos que hay que dar y siembra su espacio infinito. El mundo del musulmán no tiene límites, no tiene lados. El musulmán no lleva la cabeza agachada sino que la levanta, no tiene delante muros, sino retos y una obra que hacer.

El Corán nos dice “Quien tan sólo quiera labrar el Dunia, obtendrá algo pero no tendrá parte en al-Ájira”.

Construimos nuestro presente y nuestro destino; esto es lo que nos enseña el Corán después de advertimos que todo está en manos de Allah. El Corán nos dice: “El ser humano no tiene más que aquello por lo que se esfuerza”: “láisa lil-insáni illá má sa’á”.

Nuestras acciones son augurios. Ojalá lleguemos a ver en todo lo que hacemos el mejor de los augurios. ln sha’a Allah.