Las Jutbas de los Andalusíes

Jutba veintiuna


El Corán al-Karim, enseña que nada hay en la existencia que no elogie a Allah. Todo, desde lo más pequeño a los más grande, con su simple existencia, manifiesta a Allah; lo evidencia, lo expresa, lo traduce; todo lo que existe habla continuamente de Allah. Cada criatura, cada fenómeno, revela a Allah; cada movimiento en la naturaleza, es un movimiento de Allah, cada agitación y quietud son agitaciones y quietudes del Secreto Insondable. Nada hay en la vida que no elogie a Allah, eso es lo que nos enseña el Corán y con ello nos enseña que Allah es Evidente, el Eterno Presente. No hay más que Allah: eso es el Tawhid. Y Allah es Fuerza, Sabiduría, Exuberancia. Es una continua eclosión. Allah es contundencia, es el Secreto Posibilitador; es el Impulso, el Estímulo, la Energía Presente en cada cosa y en cada hecho.

Los sufies nos enseñan que todo está vacío, que la criatura es efímera, circunstancial, impotente, incapaz, pobre, indigente. Ahora bien, también nos enseñan que cada criatura es eterna, poderosa, sabia, viva, generosa, ... y nos dicen: su poder, su contundencia, su eficacia, su ser entero, ... todo eso es Allah. Sin Allah, la criatura es nada; con Allah, la criatura es todo. Allah es el Secreto Insondable que hace eficaces a las criaturas. Cuando se descubre en cada cosa Su presencia, Su contundencia, Su sabiduría, Su poder, ... lo que se ha hecho es descubrir a Allah. La criatura vacía cuando está colmada de Allah, es llamada entonces Muhammad. Muhammad es plenitud, es estar rebosante de Allah.

El Corán dice: “Toda criatura elogia a Allah, pero vosotros no escucháis su elogio”. Esta última frase es el complemento con el que el Corán descifra más cosas. Nos dice que no escuchamos el elogio, no interpretamos la realidad de la que cada cosa nos habla, porque atendemos a otras cosas. Estamos desatentos. A la desatención se la llama en árabe Ghafla. La Ghafla es estar dormidos o ciegos ante las cosas. Ghafla no quiere decir que Allah esté ausente, está presente, ¡os ausentes somos nosotros. Si en lugar de estar ausentes a la realidad, lográramos estar presentes, nos encontraríamos rectamente con Allah. Por eso en el Islam se cultiva la atención. La atención, junto a la intención, es el requisito indispensable para que nuestras acciones en el camino del Islam sean válidas y eficaces. Si conseguimos estar atentos, y es difícil, porque todo nos desvía hacia la falsedad; toparemos con Allah, con el Poder, con la Energía, con la Contundencia, con la Sabiduría, con la Bendición; con todo lo que hay de bueno y eficaz en cada realidad que tenemos delante, y además, encontraremos toda esa riqueza infinita contenida en nosotros mismos.

Nuestra atención se desvía hacia la falsedad. Nuestras preocupaciones, el poder, el dinero, la fama, la salud, ... Nuestras preocupaciones, son por cosas pasajeras y nada esenciales. Nuestros esfuerzos son por cosas que sólo producen, al fin y al cabo, desasosiego, inquietud, frustración. Sólo queremos cosas que non nada y que nos condenan a la nada. Y para alcanzar esos tesoros sin valor nos hacemos viles, nos arrastramos, enturbiamos la riqueza que Allah ha depositado en nosotros. En lugar de iluminarnos, nos apagamos, en lugar de saborear a Allah, nos amargamos.

En lugar de emanciparnos, nos atamos. Pero a todas esas cosas negativas las llamamos sensatez, las llamamos nuestro mundo. Pero ese mundo nuestro, es a lo que el Islam llama Kufr, que significa camuflar lo esencial, enterrar lo verdadero, cubrir de maquillaje nuestra verdadera ansiedad que es ansiedad por Allah, por ¡o infinito, por lo eterno.

El Islam nos enseña que la sensatez no es la locura en la que estamos instalados. Nos dice que la sensatez está en cada acto liberador con el que nos desapegamos de las miserias. El desapego no el abandono de cosas buenas; el desapego, la austeridad verdadera, consiste en dejar atrás y cortar con lo que nos limite. Ese es el desapego al que nos invita constantemente el Islam. Esa es la sensatez a la que nos convoca el Din.

Hay caminos que son los caminos de Allah. Por esos caminos se pierden tonterías y se ganan riquezas. Ahora sólo pensamos en lo que perdemos, nos inquieta lo que tenemos que dejar atrás: las tonterías son nuestras únicas riquezas. Pero el Corán al-Karim nos anuncia que al final de ese camino, nos aguarda el Jardín.

 

2

El Corán al-Karim enseña que Allah no cambia la realidad de la gente hasta que la gente no se cambia a sí misma. Es decir, Allah sólo consuma aquello por lo que el ser humano se esfuerza. Si no existe la intención y el esfuerzo, lo que hay es muerte, y de lo muerto no se puede esperar nada. El Islam invita a la acción. Una y otra vez el Corán al-Karim insiste sobre la necesidad de actuar.

Musulmán es el que actúa rectamente. No sólo actúa, sino que busca además que su acción sea la mejor de todas las posibles: “Wa ya maluna s-salihat”, ¡os que obran según la rectitud, los que hacen acciones útiles. Este es el complemento que siempre aparece acompañando a los muminin: «aquellos que se abren hacia Allah y actúan beneficiando, es decir, beneficiándose a sí mismos y beneficiando a cuanto les rodea”. Esto es lo que significa hacer “salihat”.

¿Cuáles pueden ser nuestros salihat en el mundo en el que vivimos aquí y ahora?.

Debemos considerar salihat todos aquellos actos con los que nos diferenciamos como musulmanes para bien. Y nuestros salihat son algo que debemos cultivar, aumentar y adornar, siendo constantes en ellos. Nuestro Salat forma parte de nuestros salihat, nuestro ayuno de Ramadán, la recitación de nuestro Wird, nuestros estudios de árabe, nuestras reuniones y Shuras, la amabilidad entre nosotros, el compartir juntos un proyecto dentro del Islam, nuestra solidaridad y entusiasmo, nuestras charlas y encuentros; todo ello son nuestros salihat, así como todo aquello que hagamos con la exclusiva intención de hacerlo como musulmanes. Esos son nuestros salihat, porque están llenos de intención, porque son un esfuerzo que hacemos “fi s-sabilillah”.

El Corán al-Karim ordena a los musulmanes dos cosas: Abrirse a Allah y actuar rectamente, Imám y Sáliháh. Quien tiene lmám, quien abre su corazón hacia Allah con sinceridad, convierte su lmám en generador de una acción imparable, de salihat que lo transforma todo; ése es el verdadero musulmán. Musulmán es el que tiene lmám y Salihat, quien es recto por dentro ante Allah y recto por fuera en sus acciones. Y para que nuestros salihat sean rectos tienen que ser serios, discretos y efectivos. Nuestros salihat tiene que ser fuertes.

El Corán al-Karim nos enseña: «Ciertamente, el ser humano esta en la ruina, salvo el que se abre hacia Allah y hace salihat”.

El Imám sin salihat no existe, y los salihat sin lmám son hipocresía. Es decir, ambos extremos son una ruina por sí solos, y sólo son riqueza y enriquecen cuando se aúnan.