Las Jutbas de los Andalusíes

Jutba veinte


La cultura de un musulmán gira en torno a unos ejes determinados. La ciencias del Dîn (‘ulûm ad-dîn) son imprescindibles, y hay dos formas de adquirirlas. Una es la forma tradicional que consiste en una paciente constancia vigilada por un maestro. Es la mejor de las maneras de acceder a los conocimientos del Islam, pues junto a los datos se recibe un estilo. La manera moderna de adquirirlos es la lectura y la supervisión de los saberes bajo la forma de exámenes. Esta forma es la más fácil y asequible, pero no comunica jamás el estilo que los sabios imprimen a todo lo que ofrecen. Su resultado es un Islam frío, indetermindado, contradictorio, en el que no se establecen diferencias.

            No tenemos a nuestro alcance los maestros que podrían comunicarnos el saber del Islam en su integralidad, y tampoco tenemos el tiempo y la paciencia necesaria. Incluso para la segunda de las maneras de aprender el Islam tropezamos con graves dificultades, la mayor de las cuales es, sin duda, la carencia de libros y manuales en castellano, y los pocos que hay ya sabemos que son aberrantes.

            Nuestra labor será la de los pioneros: tenemos la obligación de crear o recrear las ciencias del Islam y de actualizarlas para nuestro contexto socio-cultural. Y ello es enormemente difícil. Es un reto, pero no nos queda más remedio que aceptarlo. Y para ello no tenemos más herramienta que nuestros conocimientos elementales así como nuestra intuición. Ésta última deberemos afilarla al máximo para que no sea arbitrariedad. El plan que tendremos que trazarnos es el propio de una aventura, una intromisión en una densísima selva donde será lo más fácil perderse.

            Tenemos que tener una idea de lo que son las ciencias del Islam, y para ello bosquejaré una especie de programa básico.

            En primer lugar está el conocimiento del Corán, que engloba su memorización y las reglas fonéticas que rigen su pronunciación. Al lado de este primer paso está la comprensión del texto, para lo que nos hace falta un buen comentario. El más fácil y práctico es la obra de Sáyyid Qutb, el célebre fi dilâl al-Qur’ân, a la Sombra del Corán. No obstante, no es ni mucho menos el mejor de los comentarios del Corán: obras más antiguas son más interesantes, pero las dificultades del lenguaje nos los hacen difíciles.

            Junto a la memorización, correcta pronunciación y adecuada interpretación, ahbría que iniciarse, aunque tan sólo sea en los rudimentos más básicos, en las ciencias del Corán, que engloban temas como la cronología del texto, su historia, su valor normativo, su estilo, su valor literarios, y un largo número de temas que hay que conocer aunque sea de modo general.

            En segundo lugar está la Sunna y las ciencias del Hadiz. Es necesario conocer al menos los hadices aceptados como auténticos, y son muchos. Leer a al-Bujari y a Muslim deberían ser los pasos más elementales, para lo que necesitamos buenas traducciones de estos libros. Después están las obras de Mâlik, Ahmad, Nasai, Ibn Maÿa, Ibn Dawûd, Tirmidzi, etc. Todo esto simplemente para conocer los hadices más famosos. Más tarde habría que iniciarse en las ciencias del hadiz, la crítica y las comparaciones. Todo esto es ya un océano de saberes del que hay que beber aunque sea tan sólo unas cuentas gotas.

            En tercer lugar está el Fiqh. Esta es la ciencia más práctica y necesaria porque sin ella jamás practicaremos adecuadamente el Islam. Conocer las normas esenciales es obligatorio, al menos en lo referente a los pilares del Islam. La obra que está traduciendo el hay ‘Abd al-Wâhid es fundamental, pero sólo es una introducción. Más tarde habrá que especializarse en una escuela, en la del Imâm Mâlik. Y después habrá que estudiar método y fundamentos. La idea es la de actualizar el Fiqh para hacerlo posible entre nosotros. Y es fácil, aunque requiere el poder manejas muchos datos.

            Por último está la Sîra, la biografía de Sidnâ Muhammad (s.a.s.) como modelo para cada musulmán y para cada comunidad musulmana. En ella aprenderemos a ser musulmanes y a investir de carácter islámico nuestro entorno. Sin la Sîra, todos los datos de las ciencias anteriores serán un mero saber teórico sin trascendencia ni efectividad. Y la Sîra es también una ciencia amplia donde primero habrá que conocer los datos elementales y después profundizar hasta adquirir criterio independiente.

            Si llegamos a tener un conocimiento amplio de los temas anteriores seremos ‘ulamâ, y podremos ser pilares para una realidad islámica en Occidente. De otra manera, no seremos sino imitadores sin perspectivas. Es necesario, pues, esforzarse en ese sentido.

            Y al lado de todas esas ciencias hay otras que también son esenciales:

            Un conocimiento profundo de la lengua árabe, no sólo práctico sino también teórico, e incluso filosófico para que podamos verter al castellano con coherencia todos los saberes musulmanes.

            Un conocimiento exhaustivo de la historia y de la literatura del Islam, de su pensamiento, de su estética, etc. Todo ello para dar raíces a cada una de nuestras actuaciones.

            Y sobre todo, una ciencia es la que más falta nos hace: el conocimiento de los musulmanes, codearnos con ellos, aprender de ellos, diferenciar entre los que son interesantes y los impresentables, entre los verdaderos sabios y los ignorantes que no tienen nada que decir. Esta ciencia es la más útil de todas, la que nos dotará de una experiencia imprescindible. Y hay que adquirirla con tesón y humildad.

            Por último, y por encima de todas, está la ciencia de ser cada día mejores musulmanes, más profundos, más auténticos, más sabios. Esa es la ciencia que conduce al Yanna, la que abre sus puertas, la verdadera meta que nos planteamos siendo musulmanes.