Las Jutbas de los Andalusíes
Segunda Jutba

No hay nada más contrario al Islam que la hipocresía, el nifaq. Nada hay más aborrecible para el Islam que el nifaq, la hipocresía, ni tan siquiera el kufr.

Incluso un káfir es mejor que un munáfq, que un hipócrita. Así lo dice claro el Corán al -Karim: el destino del munáfiq, del hipócrita, es el grado más bajo, el más doloroso, del Yahannam, del Nar, del fuego.

El castigo final que aguarda al munáfiq es el más terrible, el más doloroso, mayor aún que el del káfir, porque el munáfiq es peor que el káfir.

El káfir es enemigo del Islam, un enemigo declarado, pero el munáfiq es un enemigo del Islam dentro del Islam, es el enemigo más peligroso.

El Islam aborrece del nifaq, la hipocresía y las actitudes hipócritas, ya sea una amenaza directa contra el Islam, ya sea simplemente una forma de ser sibilina, un querer engañar a los musulmanes, porque esa forma de ser socava al Islam, aunque su intención no sea abiertamente contra el Islam.

El Islam odia la hipocresía cualquiera que sea su forma, y ama la sinceridad, el sidq, la autenticidad. Allah ama a los sinceros , a los sadiqín. Pero no nos confundamos, ser sincero no significa ser maleducado, grosero o desconsiderado. Como nos han enseñado nuestros shuyuj, nuestros maestros, el Islam es, desde el principio hasta el final, adab, cortesía. Pero no se trata de una cortesía formal, adab se define como el reconocimiento debido a cada cosa, implica por tanto, conocimiento el adab es sabiduría, es saber valorar las cosas y adoptar el comportamiento adecuado que cada realidad exige de tí en cada momento. Por ello se dice que todo tiene su adab, su cortesía necesaria. El adab no es jamás hipocresía. La hipocresía es hacer cosas, formalidades, sin sentirlas, por quedar bien o por algún otro motivo, interés u objetivo, que no se declara. En la hipocresía no hay doblez, hay algo escondido que no se muestra. La sinceridad no es sin embargo mostrarlo todo, exponerlo todo, a eso se le llama indecencia. La mayor virtud de la sinceridad es el Pudor, por ello la sinceridad no es grosera, maleducada, o desconsiderada. El Pudor es la semilla misma del adab. Pudor en árabe se dice Haya; evidentemente connota la idea de hayat, vida, porque el pudor es ruborizarse, y ruborizarse es que fluya la sangre, y el rojo de la sangre, el rojo de las mejillas del que se ruboriza, es signo de vida, es signo de salud.

Lo saludable es sentir pudor, sentir haya. Quién no se ruboriza ante las cosas se hace grosero, maleducado y desconsiderado. Se dice que Rasulullah (s.a.s.) se ruborizaba cuando estaba delante de la gente hasta el punto de ser comparado a una novia el día de su boda. Y él era el más sincero de los hombres, el más claro y contundente, y el más firme. Pero nosotros, al menos al revés, hartos de la hipocresía de la gente pasamos al extremo de la grosería, la desconsideración y la falta de educación, como si esos vicios fueran el antídoto de la hipocresía, y no son sino eso, falta de educación, grosería y desconsideración. Es como si tuviéramos que estar siempre en un extremo, como si la idea de equilibrio faltara en nuestras mentes. Con ello sólo demostramos que dependemos en todo de los criterios judeo-cristianos, que somos incapaces de salir de ellos, y buscamos los opuestos a los valores occidentales pero dentro de occidente mismo, en un círculo vicioso agotador e inoperante.

Precisamente nuestra sinceridad, nuestro sidq, dentro del Islam, exige de una fuerte cortesía y consideración hacia los demás, hacia nosotros mismos y ante Allah, esos es el adab. La sinceridad del musulmán le exige adab, y todo tiene su adab; ante los padres hay un adab a seguir, no se puede faltar a ellos aunque nos parezcan mal, aunque nos hayan desatendido, aunque sean cafres en todos los sentidos del término, porque por encima de todo hay que reconocer en ellos nuestro origen, son nuestra genealogía, y tratados con afecto y declarar ese afecto y esa consideración, no es hipocresía, sino muy al contrario es demostrar sabiduría, es demostrar que se valora la propia vida que se tiene y que se sabe cual es su fuente, por mucho que nos desagrade esa fuente. También los vecinos exigen de nosotros un adab, porque son los compañeros de nuestras vidas y entre todos debemos construir juntos nuestras vidas, debiendo tolerarnos y disculparnos mutuamente y hacernos entre todos más llevadera la vida.

Se cuenta en un hadiz que en cierta ocasión Habibullah (s.a.s.) repetía e insistía con tanta vehemencia sobre los derechos que tienen sobre un musulmán sus vecinos que dio la impresión que acabaría diciendo que también serían sus herederos cuando muriera.

La Umma tiene su adab, la Umma entera exige nuestro respeto, nuestra estima. Un musulmán es para otro musulmán un hermano, y qué vamos a decir aquí del adab que el Islam exige que haya entre hermanos. Y por supuesto, la mezquita exige adab, mucho adab. La mezquita debe ser saludada como si fuera un ser vivo. Dos Rak'as cuando se entra a ella, era la Sunna, y se llama así, Salat de saludo a la mezquita. ¿Cómo no habría de ser respetada y saludada con todos los honores una mezquita siendo como es el lugar de la asamblea entre musulmanes, el lugar de la cita con el Habib, con Allah el Señor de los Mundos? En la mezquita hay que estar correctamente, sin groserías, ni falta de educación ni falta de consideración. Una mezquita no es un bar, una mezquita es el lugar del adab. En una mezquita los musulmanes se saludan entre sí y no puede haber una voz más alta que otra. No porque las mezquitas sean un lugar sagrado, ¿o es que sólo lo sagrado va a comunicarnos respeto?, ¿no demostraremos que precisamente lo humano es digno de respeto? Los cristianos tuvieron que hacer de Jesús un dios para mostrarle algún respeto, tuvieron que hacer de sus iglesias un espacio solemne para hacerla digna de su respeto. Los musulmanes demuestran que no es necesario nada de eso, que eso es una tontería, y precisamente, sin hacer de Sidna Isa un dios, lo respetan aún más que los cristianos, y sin hacer de la mezquita un lugar de espectáculos solemnes, un lugar para la impresionante brujería de un cura, sin hacer eso de una mezquita, es ésta un lugar para el adab, para el respeto entre los musulmanes, para el respeto ante Allah (s.t.). A una mezquita se acude con profundo adab. En una mezquita se puede comer, cuando se vaya a comer entre todos, se puede beber, se puede estudiar y hasta se puede dormir, pero no se puede hacer nada que moleste o disguste a nadie. No se pueden decir ordinarieces, no se puede fumar, no se puede escupir sobre la moqueta, no se puede agredir a nadie, ni se puede tumbar uno boca abajo. Esto es adab, no es hipocresía, es consideración hacia las personas y hacia el lugar que los musulmanes revestimos con una especial trascendencia. Porque tengamos claro una cosa, a Allah le molesta lo que le molesta a la gente, y le agrada lo que le agrada a la gente. Así dice un hadiz.

¿Qué quiere decir eso? Eso es un criterio. Y es toda una vía para llegar a Allah: para que lleguemos a Allah con lo sensato, no con lo psicótico. Somos musulmanes, no hippyes; debemos ser cuerdos y no desequilibrados que andan haciendo locuras. Tengamos un criterio sensato y equilibrado a la hora de hacer las cosas, no nos pongamos en los extremos, sin en el justo medio, en el que la sinceridad no está reñida con la belleza.