Las Jutbas de los Andalusíes

Duodécima jutba


Has de saber que el que intuye verdaderamente lo que es el al-Ájira y las cosas que hay junto a Allah, el que contempla todo eso como si lo tuviera delante, ése se hace deseoso y anhelante, se hace muríd, y pone toda su pasión en alcanzar lo que Allah le ha prometido. El que intuye esa grandeza vuelve la espalda al mundo y lo que contiene: el mundo y lo que contiene dejará de tener valor para él, porque todo ello es miseria si se compara con inmensa riqueza de lo que hay junto a Allah. Ese muríd sabe que si se acerca a Allah, ahí será verdaderamente colmado, ahí será satisfecho por completo. A esto se le llama "aspiración elevada" himma 'ália, nos hace asomarnos a jardines esplendorosos, incluso sensuales para atraer a nuestro nafs, nos habla de la recompensa con la que son coronados los esfuerzos, nos recuerda las huríes que esperan a los muyahidín, los palacios que serán obsequio para los nobles, los generosos, nos cuenta cosas de los ríos que esperan para saciar la sed de los que se afanen por llegar a las moradas. Allah nos habla en el Corán al-Karim de sus cosas para hacernos ansiarlas y ansiarlo. Es necesario leer el Corán con ese espíritu de voluntad, con el deseo dirigido hacia todo lo bueno y hacia todo lo hermoso. Sólo el que es necio se desvía de lo que el Corán señala para detenerse en las palabra; en lugar de reunir sus fuerzas y lanzarse al combate, a la lucha por la que esas cosas se conquistan, ése se paraliza, se detiene. El Corán al-Karim ha llegado a nosotros para servir de estímulo, no para convertirse en obstáculo, ha venido para derribar nuestros dioses, no para convertirse en un objeto que sustituye a esas cosas que detienen al ser humano. El Islam desea agigantarnos, hacer de cada uno de nosotros auténticos califas, verdaderos soberanos. Es curioso observar como corona así la exigencia de la humildad, elogia la pobreza para enriquecer, destruye al nafs para hacer reyes y sultanes en la existencia, nos hace despreciar el mundo para hacernos dueños del universo, nos hace censurar las riquezas para prometernos tesoros sin límite alguno, nos hace desafiar la muerte para asegurarnos que nos aguarda una vida infinitamente intensa en el querer de Allah, nos empuja a aceptar el destino para hacer de cada uno de nosotros un verdadero guerrero. Y así, el más sencillo de los musulmanes esconde bajo su manto de esclavo a un sultán, ¿no se ha dicho: " los fuqará son los reyes del universo"?. Y es que sólo el que tiene una aspiración elevada, esa  himma 'ália, sólo ése sabe que es necesario desprenderse de todo, desapegarse de todo, para así ascender sobre todas esas cosas, y desde la cumbre alta a la que se ha elevado volver a contemplarlo todo, y saber que todo está bajo sus pies. Pero el que tiene vértigo no se atreve a seguir esos pasos, teme caer a algún abismo, y se queda siempre atrás, y construye sus pequeños ídolos con los que entretenerse.

El salat no se realiza para hacerlo correctamente, sino que se hace correctamente para que pueda transformarnos, ésa es la aspiración elevada en el salat y su fin último, el que tiene miedo a ser transformado convierte el salat en un ritual vacío. El ayuno de Ramadán está para elevarnos a los significados más altos de la suficiencia absoluta de Allah as-Samad, no está para hacernos pasar hambre y sed, el que no sabe interpretar los signos que hay en Rabadán, el que no los sigue paso a paso, el que tiene miedo a ese poder transformador, ése convierte el ayuno en puro folklore. El que no abandona el mundo entero cuando va a Meca, ése sólo está haciendo turismo cuando emprende su peregrinación, el que en la llanura de Arafat no siente la desolación de la Unidad de Allah, o comprende la grandeza de su Creador, y no se reúne consigo mismo, no se hace uno para entender el Tawhid. El Islam y todo lo que enseña es un camino hacia esa inmensidad. El que ha saboreado esas cosas, el que ha degustado lo que el Islam le sugiere, el que ha dado los pasos necesarios, ése se ha hecho grande, se ha convertido en gigante, en califa, se ha hecho absolutamente universal, en él todo es grande, desmesurado, porque a probado lo que el Islam enseña, porque ha alcanzado la meta que señala con cada una  de sus indicaciones.

En un poema, Sheyj sidi Ahmad al-Alawi dice: "Oh, tú que no comprendes mis palabras, ¿por qué hablas contra mí?, tú estás vacío de Ruh, no conoces a Allah. Si conocieras mi estado, admitirías mi excelencia, me verías entre los hombres como un sol que ilumina la creación. Mi Señor me ha recogido en mi Salat, ha satisfecho mis necesidades. Él me guió, y ahora me ha cubierto con el ropaje de su grandeza, ha aplacado mi sed dándome de beber de una copa rara, llena de un licor más precioso que el elixir, y me ha elevado hasta un alto estado, más elevado que las estrellas más altas. Si me buscas, compañero, pregunta a Allah por mí, búscame más allá de todas las cimas. Quizá por ahí me descubras. Elevados, únicos, secretos y extraños son mis semejantes por esos mundos. Yo he hallado el tesoro que había enterrado en mí, y todas las cosas estaban ocultas en ese tesoro mío. Pero tú, ¿qué sabes de mí?. Crees que en mí sólo hay un vacío. Piensa lo que quieras, puesto que tengo a Allah, ¿qué me importa el mundo?. Mi corazón es mío, mis sentidos, os los doy. Todos mis días son serenos. Quien conoce a Allah, aunque pierda el mundo entero, no necesita consuelo".

Aunque parezcan  arrogantes, sus palabras no son soberbias, porque nacen de la conciencia más limpia del que sabe que Allah es siempre más grande, sabe lo que saben todos los musulmanes, pero él ha dado pasos hacia adelante, como exige el Islam. A partir de la certeza de Allah, a partir de su faqr y de su ubudia, se ha alzado, ha crecido, se ha agigantado, se ha universalizado. Cuando Sidna Muhammad (s.a.s.) se conoció a sí mismo, cuando descubrió el tesoro que guardaba en sí, dijo: "Yo ya era antes de que existiera Adán", y con estas palabras se convirtió en el prototipo de aquello a lo que aspiran los grandes intuidores del Islam, los que intuyen que bajo nuestra condición creada, efímera, pobre, precaria, se esconde un gran secreto, el secreto que hace eterno al ser humano, que lo hace superar las trabas del espacio y del tiempo, que lo hacen definitivamente universal. Los grandes intuidores del Islam son los que han dado cumplimiento al Islam, ¿no dijo el sheyj sidi Abdelkader al Yilani: "yo no soy de oriente ni de occidente, no me comparéis a nadie y a nadie lo comparéis conmigo?, y esta supuesta arrogancia ¿no vino del hombre que quizás haya sido uno de los mayores enemigos del egoísmo, del nafs?. Ese es precisamente el camino, esa es la grandeza del Islam. Es necesario, muy necesario, tener claro el camino, pero también es necesario, muy necesario, tener claro que ese camino llega a alguna parte, al califato, a la soberanía del ser humano, a un destino más grande que el de los Malaika.

¿No trataron sus vecinos a Sidna Muhammad (s.a.s.) de loco cuando les dijo que Allah le había revelado el Corán? Sus compatriotas le dijeron: ¿cómo iba a dirigirse Allah a un ser miserable, a un ser humano como nosotros?, ¿por qué iba a preferirte a ti?. Pero ese hombre humilde construyó toda una Nación, una Umma, la mejor de todas las naciones. Y pudo hacerlo porque efectivamente Allah le había comunicado un libro. Esa pretensión, que seguramente nosotros si hubiéramos estado en sus tiempos hubiéramos considerado absurda, estaba fundada en un hecho radical: la Rahma de Allah. Allah lo había agigantado, le dijo: "Tú tienes una naturaleza inmensa". Nosotros somos herederos de la acción de ese hombre que conocía, bebía, y paseaba por los zocos como enseña el Corán. Muhammad (s.a.s.) fue hombre y grande, y creó una nación de hombres grandes.

Allah ha depositado una luz en los pechos de los seres humanos, y esa luz brilla con intensidad desigual.  En unos alumbra todos los rincones, en otros deja muchos espacios sumidos en la oscuridad. Para hacerla más fuerte sólo cabe pedirle a Allah que la haga más intensa. Pero aquellos en los que es luz pura y absoluta, les permite ver como algo presente  todo lo que Allah anuncia. A ésos los vuelve locos el amor hacia Allah. Dice el Imam al-Ghaççali: "el que tiene una piedra y contempla una perla, tira la piedra y se lanza hacia la perla. El que sólo ha oído hablar de ella, tiene entre sus manos la piedra y sueña con la perla. Pero la fuerza del segundo no será jamás la fuerza del primero, lo que deba alcanzar el primero jamás lo conseguirá el segundo por la diferencia de entendimiento, claridad y fuerza". He aquí una palabra reveladora: el entendimiento, el fahm.. Cada uno de nosotros tenemos un entendimiento distinto, nos influyen distintas circunstancias que determinan en nosotros un modo distinto de entender las cosas. Por ello, es necesario pedir a Allah el mejor de los entendimientos para que todo nos sea provechoso, para que de todo podamos entresacar una enseñanza valiosa. Es, como cuenta Ahmad Nawfal, semejante al que salió al campo para meditar y encontró un pájaro herido, incapaz de buscares alimento. Un segundo pájaro llegó y lo alimentó con granos que llevaba en el pico. Este hombre entresacó de ello una enseñanza buena, que es la de que Allah provee al necesitado, que hay que confiar en Él, y quiso ser pájaro herido abandonado a la Rahma de su Creador. Cuando contó sus consideraciones a su compañero, éste le dijo: "¿y por qué no imitas mejor al otro pájaro, al que es útil, al que es acción del Rahman?. El entendimiento del segundo protagonista del cuento es un entendimiento mejor, más agudo, más penetrante. El que está iluminado así dará pasos más rápidos hacia la comprensión de Allah y su grandeza. Aunque ninguno de los dos estaba equivocado, el segundo supo aprovechar más cosas, hacer más efectivo aquello que Allah enseña a todos y que cada entendimiento interpreta a su manera. Es necesario tener una visión amplia de las cosas que se nos presentan, es necesario abarcar cuanto más mejor para ir creciendo, y no detenernos a cada paso y volver atrás, a nuestras comodidades anteriores, a nuestras certezas superadas, sólo así se avanza, sólo así se pueden dar pasos hacia Allah, hacia el Uno que todo lo abarca y todo lo contiene.