Las Jutbas de los Andalusíes

Undécima jutba


Alhamdulillah, que todo lo sostiene, en el buscamos ayuda y El es el origen de toda fuerza, hacia El nos volvemos pues hacia El es hacia lo que todo se vuelve del mismo modo que El es el origen de todo, El es el primero y el último, el principio y la meta final, asi como El es el interiormente oculto y el exteriormente manifiesto, fondo de la existencia y conformador de cuanto existe, de modo que su existencia es el centro y el eje del universo creado, y su fuerza y su sabiduría son manifiestas en ese universo creado, no hay nada verdadero aparte de El, la ilaha illa lah, el Uno absoluto, que hizo al hombre y lo convirtió en su califa, y envió a los hombres a Muhammad (sas) esencia de todos los profetas para que el hombre pudiera descubrir su propia realidad interior y se expandiese, por ello damos nuestro segundo testimonio Muhammadun Rasulullah (sas), el que comunicó el Libro que lo contiene todo, quien sabe leer en ese Libro encuentra el camino del Tawhid.

Amma ba'd, assalamu ´alaikum wa rahmatu Allahi ta'la wa barakatuhu.

Has de saber que cada uno de los miembros de tu cuerpo ha sido creado para cumplir una finalidad concreta, y se dice de él que está enfermo cuando le es imposible o costoso realizar esa función. La enfermedad de la mano es que no puede manipular las cosas, cuando carece de fuerza necesaria e ímpetu adecuado; se dice entonces de la mano que está enferma. El ojo está enfermo cuando no ve o no distingue con claridad los objetos exteriores.

Del mismo modo, se dice que el corazón está enfermo cuando no puede calentar el cuerpo como es debido, y se dice del "corazón del corazón" que está enfermo cuando no cumple el objeto para el que ha sido creado que es la ciencia, el conocimiento y la sabiduría, el amor a Allah, la 'ibada, el placer en su recuerdo, prefiriendo a Allah siempre sobre toda otra inclinación propia del nafs y del cuerpo. Dice el Corán: "No he creado a los yinn y a los hombres más que para que me conozcan", es decir, para que me reconozcan, es decir, para que me amen.

Cada uno de los miembros de tu cuerpo sirve para algo y te reporta utilidad, gracias a ellos te mueves sin peligro por el mundo y vives. El servicio que te presta el "corazón del corazón" es garantizar tu vida en Allah, te proporciona sabiduría si sabes utilizarlo correctamente y velar por su salud. Has de saber que es gracias a ese "corazón del corazón" por lo que te distingues por tu capacidad de buscar tu alimento, reproducirte, ver y oír, eso lo compartes con ellos; es ése el corazón interior el que te ha convertido en califa, el que te ha hecho digno de Allah. Gracias a ese corazón quieres saber lo que son las cosas, lo que te hace pensar, lo que te guía a la fuente esencial y primera de la que todo ha fluido, lo que te hace desear beber de ese manantial en el que esperas saciar la sed de tu existencia. Hacia Allah y lo desconocido te lanza el instinto más antiguo de ese corazón inquieto tuyo, y ese instinto es deseo de saber y amor, pues es el amor el que mueve todas las cosas.

Cuando Sidna Muhammad (as) huyó de Egipto, enseña el shayj al-Akbar, él veía que lo hacía por temor a la venganza del Faraón, pero en realidad era el amor a la vida lo que le empujó al desierto. Así, el hombre es arrastrado por su corazón hacia Allah no por miedo a un universo amenazador, como dicen los que interpretan así los orígenes de las religiones, sino por Amor al que ha dado la existencia al Universo. Es el deseo el que guía todos los pasos del hombre, así pues es necesario alimentar constantemente ese amor para que no se apague porque cuando se apaga nos detenemos, y al detenernos morimos.

El Imam al-Gazzali dice que el amor es indicio de salud del corazón, e indicio de ese amor es que no prefiera ninguna otra cosa a Allah, y cita las palabras del Corán: "Diles: Si vuestros padres, vuestros hijos, vuestros hermanos y vuestras parejas son más queridos para vosotros que Allah, su mensajero y el Yihad, esperad a que os llegue la muerte", sólo eso puede hacer el que no es arrebatado por el amor de Allah, sólo puede esperar a la muerte, porque no tiene otro objeto por encima de ella, su mundo es muy pequeño, sus aspiraciones son muy pequeñas. Sólo el que ama a Allah puede esperar trascender la muerte y la existencia, sólo él está por encima de la vida y la aniquilación. Amar a Allah es cruzar el puente, es alzarse por encima de todas las cosas; despreciar lo que ama y acota al hombre ordinario es amar al verdaderamente Amado, aspirar a la meta que no tiene meta, lanzarse más allá de todos los tiempos y de todos los espacios, sumergirse en el océano de lo inconcebible para no tener límites, para no ser ya esclavo de nada.

Dice el Imam al Gazzali que el que ama alguna cosa más que Allah debe decirse de él que tiene el corazón enfermo: es como si para un estómago digerir barro fuera preferible a digerir pan y agua, si le complaciera eso más que complacerse en alimentos saludables, o si no tuviera apetito; se diría entonces que ese estómago está enfermo y se dirige hacia su destrucción. Lo mismo sucede al corazón al que no le apetece Allah, y es que no le está apeteciendo lo que necesita para sobrevivir. Y del mismo modo que padecemos enfermedades que no sabemos reconocer porque no nos causan un daño inmediato, la mayoría de la gente no sabe que está enferma de ese corazón que está dentro del corazón. La enfermedad del corazón no se nota mucho en esta vida, es una enfermedad oculta, latente, y por ello no se le presta la atención debida. Y cuando se llega a reconocer que el corazón está enfermo y vacío, al hombre le cuesta trabajo ponerle remedio, porque la paciencia es el principal medicamento, y la paciencia es amarga. Dice el Imam al Gazzali: "El medicamento es amargo, es un problema en sí, y la enfermedad se hace crónica, y la ciencia de la medicina de los corazones se está perdiendo; por eso en estos tiempos vez a las gentes volcadas sobre el Dunia, y sus ´ibadas son rutinas heredadas o arrogancia, y no surten efecto: la enfermedad se extiende como una epidemia y cada vez más, pero siempre hay algunos de los que Allah se apiada, y son puertas para los demás".

Dice el Imam al-Ghaççali: Has de saber que el signo de que Allah se ha apiadado de un hombre es que lo hace reconocer sus propios defectos. Aquél que tiene aún algo de luz en el ojo de su corazón no considera con ligereza sus vicios y defectos, y no duda en ponerles remedios tajantemente. Sólo el que es consciente verdaderamente de sus enfermedades podrá buscar y encontrar la medicina son necesarios. Las enfermedades a las que nos referimos son en extremo ambiguas, y exigen un equilibrio y un sentido común que es escaso entre los seres humanos. El Corán dice: "Sé recto tal como se te ha ordenado", esa rectitud, armonía y equilibrio niegan los extremos, y lo más fácil para el ser humano es acudir a uno de los extremos, y en ellos sólo hay perdición y ruina: no se puede ser avaricioso o despilfarrador, sino que el centro es la generosidad, ni se puede ser cobarde o temerario, el equilibrio está en el valor, ni se puede ser libertino o asceta, sino que el punto medio es el equilibrio. Por ello, quien quiera corregirse y hacer saludable su corazón para trascender verdaderamente y llegar al Llana de Allah tiene que dar cuatro pasos.

El primero de esos pasos consiste en buscar al maestro adecuado, un shayj que conozca las interioridades del ser humano,  que haya realizado ya ese camino y tenga corazón sano. El aspirante podrá seguirlo, llevarlo por el sendero del combate interior, el Yihad mayor. Aprovechará su experiencia y se someterá sus órdenes, y el maestro irá matando en él todas las inclinaciones nocivas, destruirá la serpiente que lleva dentro, y lo alzará a Allah. Pero maestros así son difíciles de encontrar en este tiempo en el que abundan los charlantes. Ya lo decía el Imam al-Ghaççali, por lo que aconseja ser prevenidos, hacer del Corán nuestro Shayj, y de la Sunna nuestro sendero, ir labrando en nuestros espíritus la sabiduría necesaria, ir aumentando el sentido común y pedir a Allah un entendimiento recto y luz suficiente para no confundirnos.

El segundo paso que hay que dar es escoger con prudencia las amistades, pues es la compañía la que labra las cosas del Corazón. Es necesario frecuentar a los rectos, a los dotados de sentido común y discreción, a los que practican con sinceridad el Din, a los que se quejan de sí mismos y buscan a Allah, a los que se corrigen a sí mismos antes de censurar a los demás, a los que son callados porque sus corazones hablan a Allah, a los que no son pretenciosos sino que dedican su tiempo al estudio del Corán y de la Sunna, a los que nos censuran con dulzura pero saben censurar y nos hacen ver nuestros defectos y no nos rebelan. Estas son las compañías que deben ser buscadas para ir adquiriendo conciencia de nuestros defectos, pues sólo el que es consciente de sus defectos puede remediarlos.

El tercer paso consiste en irnos educando de modo que las censuras no nos rebelen. Es decir, es necesario aprender de aquello que nuestros enemigos nos acusan. Pues está dicho que el ojo rencoroso descubre los defectos, mientras que el ojo amante sólo ve las virtudes. En tus enemigos hay provecho para ti si sabes escuchar. Si lo que deseas es ir mejorando, descubrir lo oculto de ti mismo que tú mismo quieres ignorar o no puedes ver, no te enfades con tu enemigo, al contrario aprende de sus palabras, busca lo que hay de verdad en ellas, y verás como no siempre tus enemigos están desacertados. Conviértelos en tus maestros y, sin ellos quererlo, te guiaran por buenos caminos.

El cuarto paso consiste en observar a la gente, descubrir sus vicios y sus defectos, y atribuírselos a uno mismo. Somos como son los demás, tenemos en mayor o menor grado los mismos defectos, y quizás además el de la arrogancia que es ceguera, creernos mejores, y eso es el primer y mayor obstáculo para avanzar hacia Allah. Considerémonos como consideramos al resto de las gentes, sólo así empezaremos a dar pasos hacia delante. Estemos vigilante, pues es posible que llevemos dentro aquello de lo que acusemos a los demás, y no sólo es posible sino muy probable.