Las Jutbas de los Andalusíes

Décima jutba


Al-hamdu lillah que ha creado el universo, y ha dado forma al ser humano, y ha depositado en él toda clase de posibilidades y energías, después de haber embellecido su aspecto externo, hermoseó su mundo interno haciendo del corazón del hombre trono de las luces de la Majestad de Allah y cofre de los tesoros del Tawhid, y todo ello lo protegió con el manto de su Rahma. Y proporcionó al hombre un traductor de las cosas guardadas, que es la lengua y el habla, con el intérprete, descorre el velo de la Rahma y hace de las realidades sentidas en el corazón, un poema de belleza sin igual, así como es la lengua la que permite al ser humano expresar su gratitud ante Allah, y esa es la llave de la abundancia como enseña el Corán: sé agradecido y obtendrás más de los dones de Allah. La lengua es la llave de esa puerta, y su primer diente es la ilaha illa Allah, que es Uno, y no tiene semejante, el que es impar y singular, Rey de los mundos y de la existencia, no hay más verdad que El y El está por encima de lo que el hombre pueda concebir en su mente. Y el segundo y último de los dientes de esa llave es Muhammad Rasulullah (s.a.s.), imagen de la capacidad última del ser humano, el que se convirtió en espejo donde se refleja la inmensidad infinita de Allah eterno, Allah lo bendiga y lo salude, a él, a los suyos, a sus compañeros y a todos los que sigan sus huellas, y no deje de bendecirlos y saludarlos con la paz ni un solo instante, hasta que toda la creación vuelva a reunirse con su único Dueño.

Amma ba´d: as-salámu áláikum wa ráhmatulláhi taála wa barakátuh.

La lengua es uno de los grandes testimonios de la sabiduría de Allah y es un testigo del poder sutil del que lo ha creado todo, de su manera única y extraña de hacer las cosas de nuestro mundo, a la vez que es expresión de su Rahma con la que posibilita el crecimiento del ser humano. Asi, la lengua, a pesar de su pequeño tamaño y su simpleza, a pesar de ser un sencillo pedazo de carne sin secreto alguno, tiene una fuerza y un poder increíbles, pues es la traductora de los secretos del corazón, y el Imán o el Kufr no son claros mas que a través de ella. Es con la lengua, con lo que nuestro mundo interior se expresa en absoluta plenitud. Además, nada escapa a la posibilidad de la lengua: si el ojo sólo ve los objetos sensibles, si el oído sólo es capaz de percibir los sonidos, si al olfato sólo le está permitido acceder al mundo de los olores, si a nuestro tacto sólo le es posible distinguir las superficies, si el gusto no tiene otro universo que el de los sabores, la lengua tiene como objeto expresarlo todo, traducirlo todo en palabras, lo real y lo irreal, lo creado y lo increado, la verdad y la mentira, la ciencia y la ignorancia.

El mundo de la lengua es infinito, es un espacio amplio sin horizontes. Por ello, la lengua, en manos de Shaytán, es el instrumento más poderoso para la autodestrucción del hombre, más que cualquier otro de sus órganos y sentidos. Sólo se libra del mal que puede causarle el que la domina con el bozal de la Sharia: no le dará libertad más que en lo que le es conveniente para mejorar la vida sobre la tierra y en lo que le sea provechoso ante Allah. La lengua es el órgano que expresa al ser humano, lo evidencia, cumple el último papel que debe realizar lo creado, el manifestar lo interno: si el mundo es la lengua de Allah, y a través del universo lo conocemos porque nos habla de El, lo que decimos habla de nosotros. Si Allah es conocido y juzgado por el testimonio del universo, nosotros somos conocidos y juzgados por nuestras palabras, que son como el mundo que creamos: hablar es un acto creador, -no hizo Allah el mundo con la palabra kun, 'sé'-. Dijo "sé", y el mundo fue hecho, y el mundo expresa a Allah. Nosotros hablamos, y nuestras palabras son expresión de lo que tenemos dentro. Nuestras palabras delatan lo que llevamos dentro: denuncian la pobreza y miseria de nuestro mundo interior, o bien al contrario dan testimonio de su riqueza y hermosura.

Es relativamente fácil de reconocer el carácter de las personas en su lenguaje: muchas veces nos traiciona. Si tenemos veneno en el corazón, nuestras palabras serán venenosas, si nuestro corazón está vacío, nuestras palabras serán huecas; si nuestro corazón no tiene adab, nuestras palabras serán groseras; si nuestro corazón es hipócrita, nuestras palabras serán dulces; si nuestro corazón es pobre, nuestras palabras serán engañosas; si nuestro corazón está confuso nuestras palabras serán muchas y nos harán charlatanes, y así con todo.

Ahora bien, lo interno se expresa internamente, pero también lo externo puede modelar lo interno, por eso hay dos Yihads que son simultáneos. Para corregir lo interno desde fuera está la Sharia del Islam. La Sharia es un bozal y un escudo protector, es un sendero claro para desde fuera corregir nuestros vicios, remodelar nuestro carácter. Si todo lo que llevamos dentro se expresa, se manifiesta y se concreta en actos externos, al actuar sobre esos resultados mandarnos desde la inteligencia un mensaje al Corazón, y poco a poco el Corazón se transforma, va sanando si está enfermo, porque todo, al fin y al cabo, forma parte de una misma realidad en la que cada aspecto está estrechamente interrelacionado. Conocer la Sharia es conocer los medicamentos que necesita el Corazón. Adecuarse a los consejos de nuestra Sharia, seguir esa senda, es ir reparando los desaguisados que tenemos dentro.

Dice el Imán al-Ghaççali: Has de saber que la lengua es un gran peligro, y no hay forma de librarse de sus trampas más que con el silencio, por ello la Sharia elogia el silencio. Rasulullah (s.a.s.) dijo: "Quien calla, se salva" y también dijo: "El silencio es sabiduría, pero pocos siguen ese camino", con la palabra sabiduría se refiere también a fuerza de voluntad, es decir, saber callar es signo de sabiduría y resolución, pero la mayor parte de los seres humanos son débiles. Un sahabi preguntó a Rasulullah (s.a.s.) qué es lo que un musulmán debe temer, y Rasulullah (s.a.s.) le señaló la boca. Otro sahabi preguntó a Rasulullah (s.a.s.) cómo podría salvarse de lo que amenaza la integridad del ser humano, y él (s.a.s.) le respondió: "Cuida tu lengua, que tu casa sea amplia para ti, y lamenta tus faltas", y lo dijo Rasulullah (s.a.s.) porque quien es discreto y prudente al hablar, y está cómodo en su casa, y es humilde y sabe que debe corregirse, ése encontrará un camino recto en la vida. Y dijo Rasulullah (s.a.s.): "Quien es moderado en el uso del sexo, el estómago y la lengua se previene contra la mayor parte de los males que aquejan al ser humano". Un sahabi preguntó a Rasulullah (s.a.s.): "¿Es que Allah va a tener en cuenta lo que decimos?" y él (s.a.s.) le respondió: "¿Es que crees que es otra cosa lo que enciende el Fuego y empuja a los hombres contra él, echándolos violentamente de cara contra sus llamas?".

Otro sahabi le preguntó: "Ya Rasulullah, dime algo con lo que pueda preservarme del mal". Le dijo: "Dí: Rabbi Allah, y sé recto". Otro le preguntó: "¿Qué es lo que más debo temer?", y Rasulullah (s.a.s.) le tiró de la lengua y le dijo: "Esto". Rasulullah (s.a.s.) dijo: "El Imán no es recto mientras el corazón no sea recto, y el corazón no es recto hasta que la lengua no sea recta". Según Rasulullah (s.a.s.) cuando el hombre despierta por la mañana, todo su cuerpo le dice a la lengua: "Teme hoy a Allah, pues si eres recta seremos rectos, y si te tuerces nos torceremos". Abu Bakr (r.) dijo que Rasulullah (s.a.s.) dijo: "Todo el cuerpo se queja a Allah de la lengua". Y según Abu Huraira (r.), Rasulullah (s.a.s.) dijo: "Quien ame a Allah y espere reunirse con El el Ultimo de los Días, que diga sólo cosas buenas, o que calle". Un beduino le pidió a Rasulullah que le mostrara qué debía hacer para poder entrar en el Yanna, y Rasulullah (s.a.s.) le dijo: "Da de comer al hambriento y de beber al sediento, haz el bien y evita el mal. Si no pudieras evitar nada de eso, al menos controla tu lengua y no digas sino cosas buenas". Y dijo también: "Encarcela tu lengua y déjala libre sólo para decir cosas buenas, con ello vencerás a Shaytán". Y dijo (s.a.s.): "El hombre puede ser ganador, salvarse o perderse; ganador es el que recuerda constantemente a Allah, se salva el que calla, y se pierde quien disparata y se mete en lo que no le concierne". Y dijo: "Quien encuentre a un hombre silencioso y respetuoso que se acerque a él porque transmite sabiduría".

Has de saber que el Islam la Sharia elogian el silencio y censuran la charlatanería, pues el silencio enseña a controlar la lengua. Es necesario aprender a callar, a ser prudente y discreto, pues nadie se pierde por callar, y sí son muchos, los que pierden mucho por hablar demasiado. La mayor parte de los defectos y vicios de la lengua están en las palabras: el error que deja por tonto, la mentira que nos hace perder la estima, la calumnia que nos desacredita, la maledicencia que nos envilece, el amor a las apariencias que nos rebaja, la hipocresía que nos condena, la exaltación que nos debilita, la indecencia que hace que se nos pierda el respeto, la charlatanería que nos hace pesados e insufribles, el amor a las disputas y las polémicas que nos hace perder el tiempo, la curiosidad que nos guía por malos caminos, la distorsión de las verdades que nos hace falsos, la exageración que nos desequilibra, la imprudencia al hablar que destroza otras vidas, todo esto son disparates de la lengua y sus consecuencias muchas veces es difícil frenarlas o remediarlas. Por ello es necesario aprender a evitar todos estos males, salvarse de ellos, resguardarse, preservarse, porque nos destruyen y destruyen el mundo, y nada bueno hay en ellos, nada bueno reportan, y a nada bueno conducen. Aprender a controlar la lengua es una empresa que debe iniciar todo el que quiera acercarse a Allah como se debe, con el corazón en calma, con la conciencia tranquila.

Y es muy difícil controlar la lengua, como dice el Sheyj al-Ghaççali, es el músculo que menos se cansa, no se agota, es infatigable, a la lengua no le resulta pesado usarse a sí misma una y otra vez, poco trabajo le cuesta y es mucha la satisfacción que obtiene. Por ello, es necesario un redoblado esfuerzo, una atención constante que nos vaya enseñando a callar,  a no hablar  mas que cuando sea prudente y decir cosas justas y prudentes, sin excesos que nunca se sabe dónde van a acabar:  cuando se suelta la lengua, ¿Quién sabe a dónde acabarán conduciéndonos?. La lengua está detrás de la puerta de los labios y la reja de los dientes, en una cárcel sólida que es la boca, pero no tiene dificultades en romper las rejas y abrir la puerta. Es conveniente mantenerla en su sitio, vigilarla con constancia para que sirva para lo que ha sido creada, para expresar la grandeza del corazón y no la vileza y la insatisfacción del nafs. Es bueno recordar todos estos consejos cada vez que al hacer wudu, al hacer la madmada, al enjuagarnos la boca, nos la limpiamos de inmundicias. Al repetir cada día ese acto y al adquirir poco a poco esa conciencia iremos corrigiendo esos defectos.