Las Jutbas de los Andalusíes
Primera Jutba

Alhamdu lil-lâh, ante quien quedan perturbados el corazón y la inteligencia, alhamdu lil-lâh que deja sumido en la perplejidad todo intento por adentrarse en los secretos de su Grandeza y Majestad; es El que se asoma a lo más secreto del hombre, a lo más íntimo, y nada hay oculto ante El, nada escapa a su Ciencia que abarca sin ecepción todo lo que existe, al igual que su Poder, su Fuerza, su Energía, nada hay fuera de la mano de Allah, y El es Uno, Uno en sus Cualidades, Uno en su Acción, y nada hay junto a El, ni nada le da consejo, ni a nada consulta, ni de nada depende, mientras que todo está sujeto a su Voluntad: nada es fuera de lo que El quiera que sea, nada existe si no es porque El quiera que así sea, y todo es sostenido por El.

El es el que hace que todo cambie, que todo esté en movimiento, y El es quien oculta las equivocaciones de los que se confían a El y hacen de El su meta: El los recibe y agasaja, El es el que disimula sus faltas y hermosea sus obras, para que el fruto de sus acciones sea delicia y placer para ellos, y así, en El encuentran consuelo los que de todo desesperan.

Asshadu an la ilaha il-lAllah, wahdahu la sharika lah, wa asshadu anna Muhammad `abduhu wa Rasuluh (sas), el salat y el salam de Allah recubran a Sidna Muhammad (sas) y lo iluminen y le den la paz, El es el señor de los enviados de Allah (Sayyid al mursalin) y el señor de la existencia (Sayyid al wuyud), el amado de Allah (Habibul-lâh), él es el que ha unido a los muminin y ha hecho de ellos una nación, y ha sumido en la desesperación a los kufar declarándoles la guerra de Allah.

La grandeza del mérito del ser humano con los que distingue su rango sobre todo lo que ha sido creado estriba en su capacidad para conocer y acercarse a Allah (t): el conocimiento es la belleza del ser humano, su plenitud y la causa de su orgullo, y para el Ajira ese conocimiento es su provisión y su argumento ante Allah rabbi-l alamin.

Alcanza ese conocimiento con el Corazón, y no con ningún otro miembro del cuerpo; el Corazón es, en realidad, el `alim, el sabio, el conocedor de Allah; el Corazón es el que se acerca a Allah, y es el que actúa ante Allah, es el que habla y el que escucha en la presencia del Uno, Señor de los Mundos.

Es el Corazón el que busca a Allah, el que no se sacia en otra cosa que no sea su Dueño. Y es el Corazón el que descubre a Allah. Por ello el hadiz dice que si el corazón está sano, está sano el hombre; y si el corazón está enfermo, está enfermo el hombre. Todo el resto de lo que somos, nuestro cuerpo, nuestra conciencia, todo eso son herramientas del corazón, son sus servidores, sus esclavos.

El rey es el Corazón, él es el sultán que todo lo domina, y es el califa, el soberano, aquello que Allah mira (como enseña otro hadiz), es el Corazón lo que Allah tiene en cuenta. Se dice del Corazón que está sano cuando en él no hay otra cosa que nos ea Allah (t). Y se dice que el corazón está ciego cuando está pendiente de lo que no es Allah (t). Es al Corazón al que Allah pide cuentas, es al Corazón al que riñe y amenaza. Allah se dirige a tu corazón, no a ti, que estás ciego.

Deja a tu corazón escuchar a Allah; tu corazón sabe más que tú. Es el corazón el que presiente la proximidad de Allah, el que disfruta con la presencia de su Dueño y Señor, es el que se recrea en la pureza, porque es en la pureza donde encuentra la simplicidad del que es Uno por encima de todas las cosas. Y es el corazón el que se entristece y desespera cuando echa de menos a Allah; cuando le impides la claridad de Allah se siente defraudado: tu corazón no se equivoca, eres tú el que se equivoca; tu corazón conoce a Allah, no tú.

Es el Corazón el que se sume en el desasosiego, el que te inquieta, cuando tu torpeza y tu sinrazón no le dejan ver a Allah; cuando ensucias tu corazón, tu corazón se queja, te grita desde dentro, pero no quieres obedecerlo, te da miedo la fuerza de tu corazón que quiere entrgarse a Allah. Tú eres el que lo pudre, el que lo enferma, el que lo matas, y te matas a ti mismo sin darte cuenta. Abre tu corazón ante Allah: eso es el Iman.

Deja que tu corazón contemple la verdadera belleza, y nunca serás confundido por las apariencias. Es con tu Corazón con el que habla Allah con el Corán al Karim; escúchalo con el Corazón, déjale oír y verás cómo responde. Si tu corazón es resplandeciente iluminará tu cuerpo, te hará fácil el salat y las demás ibadas, esas son sus luces, sus señales, los signos de su salud.

Si has corrompido tanto tu corazón que lo has debilitado, se te harán pesados el salat y las demás ibadas; ése es el indicio de su pronta muerte, las penumbras que extiende sobre tu cuerpo y tu conciencia, haciéndolos pesados, perezosos... como enseña la sentencia: de un recipiente que no se derrama otra cosa que lo que contiene.

Si conoces tu Corazón te habrás conocido a ti mismo, y si lo ignoras te ignoras a ti mismo; quien se ignora a si mismo ¿cómo pretenderá saber alguna cosa? Su ciencia será falsedad. La mayor parte de los seres humanos desconocen lo que es el Corazón, y es porque el corazón es inestable (dice el hadiz: el Corazón está entre los dedos de la mano del Rahman y le da las vueltas que quiere), unas veces Allah lo alza y otras lo hunde; conocer el Corazón es estar pendiente de él, reconocerlo en sus diversos estados. Conocer el Corazón es el fundamento del din, del Islam, el cimiento de la vía hacia Allah. Dice el Corán: "Quienes olvidan a Allah, Allah los hace olvidarse de sí mismos, y esos son los peores".